20 septiembre 2006

Levito-yho, Levita-thú (2ª parte)

Loa europeos colonialistas de los siglos XIX y XX, principalmente los ingleses, se trajeron de sus colonias, especialmente de la India, no sólo especias, diamantes, esclavos, bienes, riquezas, posiciones políticas estratégicas, etc, sino también un enorme monigote de "Inocente inocente" pegado a su espalda.
El exotismo de aquella extraña cultura, sus misterios, sus peculiaridades, su aparente misticismo, su sabiduría popular, hicieron mella en los europeos, que -parte por snobismo, parte por afán de conciliación- importaron a la patria, y por ende al resto de Europa, parte de aquellos conocimientos pretendidamente ancestrales, mágicos e insondables. La India se revistió de un aura mística que aún hoy perdura, y muchos listillos han sabido aprovecharse de ello para subirse al carro del modernismo y del modo de vida occidental (el "gordito" Maharishi, sin ir más lejos).
Otros, empero, sin duda con menos posibilidades económicas, o simplemente no tan rastreros, permanecen allí, en su tierra, cultivando, perfeccionando, enseñando su cultura y sus tradiciones verdaderas. Es difícil pasear por las calles hindúes sin toparse con santones de todo trapo, meditabundos, normalmente desharrapados, místicos de diverso pelaje y gurús de andar por casa. Estos son los que, para la mayoría de occidentales, mantienen viva la llama del misticismo oriental en toda su pureza.
Como el santón del video que podéis ver más abajo, toda una muestra de las increíbles enseñanzas que esos sabios pueden compartir con nosotros en cuanto nos quitemos el velo de lo material que nos obnubila el seso.

http://www.youtube.com/watch?v=FFJm10zt_fA