Antes de entrar en materia, una breve aproximación a las aves rapaces carroñeras existentes en España. La familia conocida generalmente como "buitres" está integrada, en nuestro país, por cuatro ejemplares: el Buitre Leonado o común (Gyps Fulvus), el Buitre Negro (Aegypius Monachus), el Alimoche (Neophron Percnopterus) y el Quebrantahuesos (Gypaetus Barbatus). En algunas zonas determinadas (y afortunadas) de España coinciden las cuatro aves, en tiempo y en espacio (por ejemplo, en Navarra y en el Pirineo aragonés), pero no es la situación habitual: cada una tiene su propio hábitat y sus propias costumbres alimenticias.
El Buitre Leonado (excusa de esta entrada) habita roquedos calizos de media y alta montaña, y se alimenta básicamente de las "partes blandas" de la carroña: ojos, cerebro, cavidad bucal y vísceras, principalmente, y sus víctimas suelen ser hervíboros de gran o mediano tamaño, mamíferos pequeños, lagartos y poco más. Precisamente por sus hábitos carroñeros la naturaleza y la evolución le ha privado de poderosas armas mortales, por ejemplo las garras, que en sus parientes rapaces cazadoras son impresionantemente fuertes, y por ello son prácticamente incapaces tanto de abatir una presa viva, asirla o estrangularla con sus patas. El pico sí es lo suficientemente fuerte como para horadar un vientre o desgarrar la piel inguinal de sus víctimas y acceder así a su interior, pero ello sólo lo hace con animales muertos.
O aún vivos, porque según varias fuentes, cada vez más extendidas, han sido frecuentes los ataques de buitres leonados a reses vivas. Son numerosos los testimonios de ganaderos del Noroeste de España que afirman haber visto con sus propios ojos cómo bandadas de buitres se abalanzaban sobre su ganado, ocasionando la muerte de varias cabezas, a menudo ejemplares embarazadas, animales heridos, atrapados en oquedades o trampas naturales, etc.
La legislación española contempla indemnizaciones a los ganaderos por pérdidas ocasionadas en sus rebaños a causa de ataques de predadores, como el lobo, el oso, el zorro, etc, pero hasta ahora han sido escasas las referidas a pérdidas causadas por ataques de aves rapaces en generales, o de buitres en particular. En estos casos convergen varias cuestiones que conviene tener presentes:
1. Las pretensiones legítimas de los ganaderos a ser indemnizados por daños causados en sus rebaños por especies depredadoras especialmente protegidas por la legislación española, por fin claramente conservacionista y protectora con las especies amenazadas, como las antedichas.
2. La dificultad intrínseca que supone, para un observador neutral, distinguir claramente un ataque de un ave rapaz sobre una res en perfecto estado de salud o el producido sobre un ejemplar enfermo o disminuído físicamente, ya que rara vez coinciden en el tiempo ambos hechos. Los testimonios de los ganaderos suelen ser a posteriori, y casi siempre basándose en "pruebas" obtenidas de manera circunstancial, como huesos o restos que bien podrían pertenecer a cualquier cadáver de res que podría haber muerto de muerte natural y haber sido posteriormente devorada por los buitres.
3. El hecho, corroborado por naturalistas y científicos, de que un cambio en las costumbres alimenticias del buitre común, pasando de consumir únicamente carroña a animales vivos, y la imposibilidad física de darles caza, son extremos que deberían suponer miles de años de evolución y que en ningún modo podrían producirse en el transcurso de unos pocos años, como parece estar sucediendo, o como al menos vienen alegando los ganaderos afectados. Notemos al respecto como éstas noticias sobre los presuntos ataques de los buitres han coincidido con el paulatino abandono de las artes naturales de cultivo del campo, que empleaban animales de tiro, la prohibición de abandonar reses muertes en los muladares o comederos artificiales para rapaces debido a diversas epidemias, como la de las vacas locas, y también a las jugosas subvenciones que la Comunidad Europea otorga a los ganaderos por sus rebaños no estabulados.
Todo el asunto está recogido en esta interesante noticia publicada al respecto por el diario Gara.
Lo que está meridianamente claro es que una especie animal, cualesquiera que esta sea, no puede cambiar sus pautas alimenticias y de comportamiento, incluso sus atributos físicos, en virtud de una adaptación a nuevas situaciones de carestía de alimento, en el transcurso de unos pocos años. Estaríamos en tal caso ante un acontecimiento verdaderamente asombroso, como sería el de contemplar en vivo y en directo cómo actúa la evolución. Si Darwin levantara la cabeza se moriría de envidia.
12 marzo 2007
Evolución en vivo y en directo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



