Las prostitutas son un problema.
No el importarlas de paises más o menos depauperados de sudamérica o de la antigua Europa del este, que eso para las mafias traficapersonas está chupado (sin segundas lo de chupado). Una promesa falsa de contrato laboral, un chantaje bien amañado y un buen par de hostias bien dadas (en la cara no, que deja marcas), y chimpúm. Tampoco es difícil acudir a ellas cuando el mequetrefe de turno no consigue en casa lo que su esposa le debe en virtud del sagrado matrimonio por la gracia de dios, o cuando el lumpen quiere echar un polvete después del fútbol o de los toros, o porque se aburre sin más: la publicidad en la prensa es abundante, los prostíbulos se anuncian con luces de neón y el boca a boca (otra vez sin segundas) funciona de perlas.
Lo que ocurre es que se ven. Claro, en épocas de crisis como esta las señoritas putas tienen que salir de sus cubículos para hacer clientela nueva, e inundan las calles y las plazas de la grandes ciudades, y eso es molesto, vergonzoso y hasta antihigiénico. En zonas de huerta, como la mía, los naranjales son un lugar adecuado para ellas donde ofrecer su mercancía, más o menos apartadas de la vista de los guardianes de la moral y la decencia. Se les echa de los barrios céntricos, luego de los suburbios, y se les obliga a tirarse al monte (y seguimos sin segundas), cada vez más apartadas y abandonadas, cada vez más marginadas, cada vez más solas.
Pues ni por esas. El alcalde de un pueblo vecino ha dado con la solución definitiva al problema de la prostitución entre naranjos: fumigarlos a éstos y a las putas con insecticida, del bueno, del que mata. Del que mata bichos, como el pulgón, la serpeta... o las putas. Es un intento desesperado, dice el tío, para acabar de una vez por todas con esa plaga tan dañina que son... ¿las arañas? No. Las putas. Bonita manera de matar dos pájaros de un tiro. Y si no se piran o no se mueren, pues bueno, por lo menos agarrarán una intoxicación suficiente como para dejar el oficio durante una buena temporada.
Y además todo esto tiene otra ventaja: las putas podrán mostrar el carné de Sanidad en el que se certifica que están libres de enfermedades venéreas contagiosas y, de paso, que no están afectadas por la araña labradora, el mosquito verde o la cochinilla algodonosa.