Al hilo de un comentario que La mujer Quijote hizo en este blog, me permito desarrollar la idea que en el mismo lanzó y que, bien mirada, puede ser todo un desafío para las mentes preclaras del naturalismo, naturopatías y naturatodo.
Según los practicantes y seguidores de "lo natural", la medicina oficial es un asco, y los médicos alópatas unos interesados: visitas a mil por hora (literalmente), recetas y más recetas para conseguir regalines de los laboratorios, viajes, estipendios en especie, y mil prebendas más (recuerdo que a mi señor padre, médico él, le llegaban a casa graciosas muestras de medicamentos acompañadas por otros envases, similares a los anteriores, pero con cigarrillos dentro, Camel, en concreto; para que luego digan lo del tabaco.... en fin).
Aún así, hay algunos profesionales a los que le puede la vocación, y dan con sus santos cojones en algún país depauperado del Africa profunda, armados solamente con un escalpelo oxidado, unas cuantas aspirinas y un valor admirable. Médicos sin Fronteras, Médicos Mundi, etc, muchas ONG's de este tipo intentando aproximar la esperanza de vida del negro medio a la de un europeo corriente, aunque sea del antiguo Este. Y ya está, eso es todo, no se publicitan (apenas), no aparecen sus cuitas en los programas de radio ni en los diarios... Tan solo y de vez en cuando se pueden distinguir en la tele una cohorte de batas blancas flotando por entre el barrizal dejado por una riada en la India o en Pakistán o por ahí lejos.
Y dice esta estupenda bloguera (y yo con ella): "¿Porqué no se crean "Homeópatas sin Fronteras", "Acupuntores Mundi" o "Reikiólogos Universales"? Con medio litro de medicamento concentrado, algunos cientos de agujas y la buena voluntad del enfermo para equilibrar su energía (todo ello muy muy barato en comparación con las medicinas de las malvadas multinacionales), la de vidas que podrían salvarse".
Imagináos la que podría liar un camión cuba de Oscilococcinum(r) repartido a diestro y siniestro entre la población enferma. ¡Buah, una pasada! De golpe y porrazo la sanidad noruega iba a quedar a la altura del betún. ¿Y un autobús de chinos fetén, armados con cientos de agujitas y pastillas de carbón activado moxibustionando a los aldeanos? ¡Increíble! ¿O no sería impresionante poder ver en directo a una decena de cirujanos psíquicos filipinos extrayendo vísceras cancerosas, pólipos y tumores a tuti plén? ¡La de vidas que se iban a salvar!
Sólo hay una pega: que el placebo tiene mucho de convención cultural, y allí de eso... poco. Me explico: si se nos acerca un chinorri con su cargamento de agujitas ya sabemos que nos va a practicar un poco de acupuntura, y a lo mejor los más crédulos se ponen de buen humor, se encomiendan al tipet y va y el placebo les quita el dolor de colodrillo y hasta los sabañones. Pero eso en una aldea africana... Me imagino al labriego frunciendo el ceño y preguntándose a sí mismo: "¿Adónde va el payaso ese con esas agujas? ¡No irá a clavármelas en el cuerpo!", con lo cual el efecto placebo se va a tomar viento, y el pobre hombre se queda compuesto y con los dolores intactos. Y además, por si fuera poco, lo mismo el hechicero de la tribu agarraba un cabreo de no te menees y salían todos cagando leches.
A lo mejor por eso no van allí estos pseudodoctorcitos, porque saben que en la sabana africana, jueguecitos pocos, y agujitas las justas.
[Addenda: bien, parece ser que en realidad sí que existe "Homeópatas sin Fronteras", según nos indica -otra vez- en un comentario La Mujer Quijote. Al César lo que es del César. Sólo una apreciación al hilo: los homeópatas van a estar allí en su salsa, rodeados de brujos. Dios los cría...]