En realidad se trataba de agua estancada, proviniente de desechos fecales y recogida de un lago helado por unos creyentes ortodoxos bastante memos, pero que no debería causar mal alguno puesto que, según el pope, "es imposible que los creyentes se intoxicaran" con ella.
"Según la tradición ortodoxa, el agua recogida en los ríos y lagos durante la fiesta de la Epifanía, cuando se celebra el bautismo de Jesucristo por Juan el Bautista en el río Jordán, presenta determinadas propiedades curativas y fortificantes".
Es lo que tiene el agua bendita, que si no se embotella en condiciones y previos análisis, se conoce que pierde sus maravillosas propiedades y se convierte en un caldo de cultivo de rotavirus y otras asquerosidades. Si piensan lo contrario, sean ustedes osados y tasten el mejunje repugnante ese que colma las pilas a la entrada de las iglesias.
Si tienen huevos, claro.