08 enero 2010

Grande Fellini

Acabo de revisionar por decimonona vez la gran Roma, de don Federico, y he vuelto a disfrutar como un enano, así que no me he podido resistir a dejar una nota en este blog para recordar a los que la han visto, y recomendar a los que no, su más famoso pasaje, el desfile de moda eclesial.

Para entender a Fellini un poco mejor dejo un par de breves comentarios ajenos:

Conflicto con la religión


En esta dimensión paralela configurada bajo la influencia de la cultura popular de la época, aparecen algunas de las fijaciones del director, como su inclinación por las mujeres exuberantes y la relación altamente conflictiva que mantendría con la religión. Sus primeros filmes parecían fábulas sobre el destino personal. La strada fue saludada por la Iglesia, que interpretó en ella un cuento moral sobre la redención, pero el escándalo no tardaría en llegar.

La dolce vita, con los paseos húmedos de la voluptuosa Anita Ekberg y el seductor Marcello Mastroianni bajo la Fontana di Trevi, supuso su ruptura definitiva con la jerarquía eclesiástica. "Fue un alejamiento natural para muchos italianos a principios de los sesenta, un momento de decadencia del modelo católico", apunta Marta Gili, la directora del Jeu de Paume.

Fellini, que hasta entonces había asegurado creer en "la fuerza irresistible, providencial e innata que se halla en nosotros", acabó matizando su postura sobre la fe. "Los méritos de la Iglesia son los de cualquier creación del pensamiento ideada para protegernos contra el magma devorador del inconsciente", racionalizó más tarde.



"...su satírica visión sobre la iglesia en el onírico desfile de modelos religioso (lo más famoso de la película). Un desfile bufonesco en el que deja constancia del inmovilismo católico". (FilmAffinity)