La Diócesis de Segorbe-Castellón, con un presupuesto anual de 3,5 millones largos de euros, ha decidido, en un gesto de caridad cristiana, donar el 0,7%, o sea, algo más de 25.000 euros, a Cáritas, "debido a la grave crisis económica" que atravesamos, y que -se supone- servirán para aliviar las graves carencias de los más desharrapados de la diócesis.
Y digo yo: si destina ese 0,7% a la caridad, a la ayuda a los necesitados, a menguar la pobreza, a ayudar a los desposeídos, a los parias, ¿en qué cojones se gasta el restante 99'3% de su presupuesto? ¿En vestuario, en viajes pastorales, en ejercicios espirituales, en manifestaciones "pro-vida", fletando autobuses y pagando dietas y dispendios "ad libitum"?
¿No debería ser al revés, que la inmensa mayoría de su capital -ARRANCADO POR DECRETO A LOS CIUDADANOS, CATÓLICOS O NO-, fuera destinado a obras de caridad, y una minúscula fracción del pastelazo dedicarlo a sus gastos corrientes, burrocracia, gastos suntuarios, gastos de representación, actos multitudinarios, orfebrería y adornos mil?
¡Y todavía se sienten lo suficientemente orgullosos como para merecer ser noticia en diarios y radios! ¡Menuda pandilla de sinvergüenzas! Los fariseos a su lado eran voluntarios de la Cruz Roja...
¿Qué tal una donación millonaria a los que VERDADERAMENTE se están dejando la vida y la salud en ayudar a los más necesitados? ¿Alguien recogería el reto de proponer una encuesta entre los cientos de ciudadanos solidarios y desinteresados que están ya en Haití para certificar cuántos de ellos son malditos ateos y cuántos piadosos cristianos?
No, claro que no. Los que no están enmedio de la catástrofe están tan a gustito en sus bancos de la iglesia, arropados por discursos huecos y fútiles y protegidos por la siniestra sombra de los púlpitos. ¡Qué asco!