24 marzo 2010

Cabrera cabrea


El ínclito Dr. José Cabrera acaba de descolgarse en televisión con otra de sus afirmaciones absurdas: la ha defecado en Antena 3, en el programa Espejo Público: según él, los nacidos mediando fecundación in vitro "sufren depresión y tristeza generalizada". Patapán. Así, sin más, sin vaselina ni nada. Y me extraña que no haya dicho que de mayores padecerán claustrofobia y que tienen la cabeza unida al tronco mediante el conocido sistema del tapón de rosca, como las botellas de refresco.

Me encantaría saber de dónde demonios ha sacado Pepote esas asombrosas conclusiones. Porque en los libros de psiquiatría -especialidad, parece ser, del lenguabífida este- estoy seguro que no viene nada. Yo, por mi humilde parte, podría adelantar algunas sospechas:

1. Los niños se deprimen porque en la escuela, en lugar de decirles que son adoptados, los demás niños les dicen directamente que su padre es un frasco.
2. Están deprimidos porque no pueden reconocer a su verdadera madre de entre todos los tarros de pepinillos en vinagre del súper.
3. Están generalizadamente tristes porque en lugar de carné de identidad tienen pegada en la frente una etiqueta de melocotón en almíbar.

Y ahora en serio. Este impresentable seguidor declarado de Lombroso, contertulio habitual de programas televisivos de más que dudoso pelaje, "asesor científico" de Iker Jiménez para más inri, cobra sus buenos euracos por vociferar tonterías sin el más mínimo atisbo de rigor, rodeado de incultos y bárbaros como él que le ríen las pocas gracias que le atesoran y que además no dejan de invitarle a sus programas, como si fuera la voz de la sapiencia y un tipo de lo más fiable.

Los padres con hijos felizmente concebidos in vitro deberían agarrar a este elemento y a las cadenas de televisión que lo contratan como paripé y mandarlos a tomar viento públicamente, después de exhibirlo ante el Colegio médico respectivo, del cual -por cierto- debería esperarse una declaración condenado o al menos rechazando de plano estas afirmaciones.

Y por favor, quizá algún portavoz del Colegio podría hacerse oir entre tanto majadero para, entre otras cosas, tranquilizar a los padres y decirles que sus hijos fecundados in vitro crecerán tan libres de cargas psicológicas como ellos procuren, y que la única circunstancia que puede causarles "depresión y tristeza generalizada" a sus hijos es tener que aguantar programa tras programa a este especímen sin escrúpulos ni vergüenza.

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