01 abril 2010

En estos días sin humor...

Hoy no estoy de humor. Y me va a durar toda la semana.
En mi ciudad, y en casi todos los pueblos de mi país, hoy empieza esa especie de locura colectiva que es la Semana Santa, donde la mayoría de la gente suspende su capacidad de raciocinio, su estabilidad mental, su sentido común, y se deja arrastrar por los rituales más absurdos, las costumbres más idiotas, los sentimientos más trágicos y trascendentes. Hoy se ensalza hasta el hartazgo la tortura, el autocastigo, el arrepentimiento hipócrita, la inmolación, la histeria colectiva... Hoy se hace público y notorio más que nunca que nuestro cerebro sigue sin avanzar, anclado en un mundo de superstición y miedo, como si salir de las cavernas hubiere sido cosa de hace un momento...
Muchos católicos se autoflagelan, ofrecen su cuerpo y su sangre a la divinidad para el perdón de sus pecados, no van a comer carne durante los próximos días (carne de mamífero terrestre, porque carne de pez sí que comen). Otros prohíben tajantemente el consumo de productos hechos con levadura, o de peces con aletas pequeñas, o de animales que no tengan la pezuña partida, o prohíben la ingesta de carne de cuervo, llama o hipopótamo...
Costumbres instauradas a golpe de decreto por los popes poderosos hace milenios y que son invaluables para gobernar al rebaño, sinsentidos que la gente sigue a pie juntillas solo porque "es tradición"... En todo, y ante todo, la religión, esa especie de cáncer universal que nos mantiene más cerca de la animalidad que nuestro genes.
Ya lo dijeron hace tiempo sabios muy importantes:
Marvin Harris decía que lo mejor que hay para convertir una orden política en precepto, y hacerla obligatoria, es revestirla con las engañosas ropas de la religión.
Y sobre otro genio, Woody Allen, parafrasea Enrique Tomás:
Me hace acordar al diálogo hilarante entre Abraham y el Creador que imaginó Woody Allen (en su libro Dios, Shakespeare y yo ). Abraham le dice a Sara, su esposa, y a Isaac, su hijo, que en la oscuridad de la noche ha escuchado la voz de Dios, "una voz profunda, tonante, bien modulada" que le ha ordenado sacrificar a Isaac. Nada detiene a Abraham, pero, cuando está por consumar el homicidio, Dios inmoviliza su mano y le reprocha: "¿Cómo puedes hacer una cosa semejante?". Abraham se justifica: "Pero tú me has dicho?". Y el Señor: "No te ocupes de las cosas que yo digo. ¿Es que te crees todas las bromas que te cuentan? Yo te sugiero, a modo de chanza, que sacrifiques a tu propio hijo y tú lo aceptas sin discutir, sin plantear preguntas? Ningún sentido del humor. Es increíble?". Abraham: "Pero ¿esto no prueba que yo te amo? Yo estaba dispuesto a matar a mi hijo único para demostrarte mi amor". Y el Señor concluye: "¡Esto lo único que prueba es que los cretinos seguirán siempre las órdenes, por imbéciles que sean, con tal que sean formuladas por una voz autoritaria, tonante y bien modulada!".
Esto es lo que tenemos entre manos estos días, mis amigos. Aislarse del triste mundo y regodearse en la Naturaleza es mi receta contra esta peste. Espero que cada uno de vosotros tenga la suya, y que funcione.