15 julio 2010

Matarifes orientales

La medicina tradicional china es muy amplia, tanto que engloba a otras llamadas "medicinas tradicionales" en boga en otros países, bien es cierto que próximos geográficamente, como el Tibet, Japón, la India o Corea (del norte y del sur).
En concreto, Corea ha tomado prestada de China casi todos los principios filosóficos que integran el cuerpo general de su medicina tradicional, pero además ha contribuído de manera principal a dar forma a algunas prácticas pretendidamente milenarias bien conocidas, como la acupuntura, en su variante puramente coreana, o bien de reciente divulgación, como la manopuntura, una ramificación de la acupuntura circunscrita a los meridianos y líneas de la mano.
También son coreanos los orígenes del taekwondo o el tai-chi, curiosas mezcolanzas de filosofía, medicina y gimnasia, y de los que a estas alturas no hace falta hacer propaganda alguna porque están presentes en todos los rincones del mundo. Todo lo referente a la medicina tradicional china es aplicable a grosso modo a la medicina coreana; no en vano ambas se engloban en una categoría más amplia, la medicina oriental.
Por ello, la medicina tradicional coreana tiene las mismas ventajas (?) e inconvenientes de la medicina tradicional china: terapias meramente paliativas (en el mejor de los casos), deficiente atención asistencial, infraestructura sanitaria paupérrima, industria farmaceútica prácticamente inexistente..., y aún así sigue gozando en Occidente de un predicamento a todas luces exagerado e injusto, pero real. Sólo hace falta mostrar en televisión a un oriental saludable y risueño para dar pátina de veracidad a cualquier propiedad o cualidad o lo que sea de muy variados productos, desde yogures hasta cremas y potingues. Da la impresión de que, en cuestiones de salud, los orientales nos dan sopas con ondas (tal y como se pensaba hace sólo pocos años de la engreída y pomposa medicina popular cubana, otro timo a lo grande puesto en marcha por el aparato propangandístico de las autoridades cubanas).
Pero la realidad es otra, mucho más cruda y, desde luego, no tan saludable ni optimista: en Corea se mutila, se sangra, se amputa o se opera frecuentemente sin anestesia, según fuentes de Amnistía Internacional. Los tratamientos contra el dolor o simplemente no existen, por inaccesibles, o están en manos tan sólo de los muy pudientes. El pueblo llano y ralo tiene que contentarse con acudir al mercado negro de las medicinas, o aplicarse las milenarias e inútiles técnicas de la digitopuntura, acupuntura, manopuntura y cuernopuntura, por supuesto sin resultado. El estado sanitario del país es deplorable, y son endémicas la desnutrición y las epidemias.
"Bueno, es que eso sólo pasa en Corea del Norte, la comunista". dirán algunos.
Vale. ¿Y? ¿No tienen los ciudadanos norcoreanos el mismo derecho fundamental y universal a la salud? ¿Es que acaso se merecen ese lamentable estado, por rojos y comunistas? ¿Mantenemos los occidentales, en cierta manera, ese statu quo, con nuestras loas y alabanzas bobas hacia la medicina tradicional oriental e impidiendo, por inactividad, el pleno acceso a la salud y al progreso social de los norcoreanos? ¿Son conscientes las decenas de miles de matasanos occidentales que practican y promueven estas pseudomedicinas de toda la miseria y degradación que hay en su trastienda? ¿Cuándo dejaremos de jalear tonterías pseudomédicas sin sentido e inútiles y colocarlas por delante de la única medicina verdadera y efectiva, la basada en evidencias? ¿Hasta qué punto son (y somos todos) responsables de este horror inhumano?
Lo pienso y me acongojo.