La medicina tradicional china es muy amplia, tanto que engloba a otras llamadas "medicinas tradicionales" en boga en otros países, bien es cierto que próximos geográficamente, como el Tibet, Japón, la India o Corea (del norte y del sur).En concreto, Corea ha tomado prestada de China casi todos los principios filosóficos que integran el cuerpo general de su medicina tradicional, pero además ha contribuído de manera principal a dar forma a algunas prácticas pretendidamente milenarias bien conocidas, como la acupuntura, en su variante puramente coreana, o bien de reciente divulgación, como la manopuntura, una ramificación de la acupuntura circunscrita a los meridianos y líneas de la mano.
También son coreanos los orígenes del taekwondo o el tai-chi, curiosas mezcolanzas de filosofía, medicina y gimnasia, y de los que a estas alturas no hace falta hacer propaganda alguna porque están presentes en todos los rincones del mundo. Todo lo referente a la medicina tradicional china es aplicable a grosso modo a la medicina coreana; no en vano ambas se engloban en una categoría más amplia, la medicina oriental.
Por ello, la medicina tradicional coreana tiene las mismas ventajas (?) e inconvenientes de la medicina tradicional china: terapias meramente paliativas (en el mejor de los casos), deficiente atención asistencial, infraestructura sanitaria paupérrima, industria farmaceútica prácticamente inexistente..., y aún así sigue gozando en Occidente de un predicamento a todas luces exagerado e injusto, pero real. Sólo hace falta mostrar en televisión a un oriental saludable y risueño para dar pátina de veracidad a cualquier propiedad o cualidad o lo que sea de muy variados productos, desde yogures hasta cremas y potingues. Da la impresión de que, en cuestiones de salud, los orientales nos dan sopas con ondas (tal y como se pensaba hace sólo pocos años de la engreída y pomposa medicina popular cubana, otro timo a lo grande puesto en marcha por el aparato propangandístico de las autoridades cubanas).
Pero la realidad es otra, mucho más cruda y, desde luego, no tan saludable ni optimista: en Corea se mutila, se sangra, se amputa o se opera frecuentemente sin anestesia, según fuentes de Amnistía Internacional. Los tratamientos contra el dolor o simplemente no existen, por inaccesibles, o están en manos tan sólo de los muy pudientes. El pueblo llano y ralo tiene que contentarse con acudir al mercado negro de las medicinas, o aplicarse las milenarias e inútiles técnicas de la digitopuntura, acupuntura, manopuntura y cuernopuntura, por supuesto sin resultado. El estado sanitario del país es deplorable, y son endémicas la desnutrición y las epidemias.
"Bueno, es que eso sólo pasa en Corea del Norte, la comunista". dirán algunos.
Vale. ¿Y? ¿No tienen los ciudadanos norcoreanos el mismo derecho fundamental y universal a la salud? ¿Es que acaso se merecen ese lamentable estado, por rojos y comunistas? ¿Mantenemos los occidentales, en cierta manera, ese statu quo, con nuestras loas y alabanzas bobas hacia la medicina tradicional oriental e impidiendo, por inactividad, el pleno acceso a la salud y al progreso social de los norcoreanos? ¿Son conscientes las decenas de miles de matasanos occidentales que practican y promueven estas pseudomedicinas de toda la miseria y degradación que hay en su trastienda? ¿Cuándo dejaremos de jalear tonterías pseudomédicas sin sentido e inútiles y colocarlas por delante de la única medicina verdadera y efectiva, la basada en evidencias? ¿Hasta qué punto son (y somos todos) responsables de este horror inhumano?
Lo pienso y me acongojo.