02 octubre 2010

Mira mi ombliguito

Ultimamente estoy preocupado por la escasa repercusión que nuestra labor de divulgación del pensamiento crítico -cada uno en su medida y en su calidad, extensa o mínima, buena o regular- tiene en la sociedad. Parece que el número de botarates y sinvergonzones crece como la grama, las revistas y publicaciones del ramo magufo siguen batiendo récords, en la televisión proliferan espacios para el maguferío, las universidades y otros centros públicos dan pábulo a los charlatanes (se puede comprobar en La lista de la vergüenza), el criterio y la razón están cada vez más ausentes del periodismo de comunicación, aviesos comerciantes no dejan de sacar al mercado productos inútiles que captan a compradores ingenuos y desprotegidos... Deberíamos sentirnos molestos y considerarnos en parte reponsables de todo ello. Y es porque creo que no estamos usando nuestras herramientas de promoción de la razón en la forma correcta y adecuada. Hagamos un repaso general:

- Foros y lista de correo. Sólo hay que entrar en cualquiera de ellos para comprobar la adscripción intelectual de los participantes. Nunca hay voces discrepantes, y cuando las hay, se las echa sin contemplaciones las más de las veces. El que entra con dudas o con opiniones contrarias y sale trasquilado es una pérdida para la causa para siempre, porque ha hecho el ridículo en público, y eso casi nadie puede aguantarlo. Y que se me entienda, no me refiero a la forma del discurso, sino al fondo. Sí, a mí también me parece Phil Plait un poco melifluo, aunque comparta muchas de sus opiniones. No soy melindroso en cuanto a las formas, pero por lo general de poco sirven ni la educación ni la agresividad para nuestros fines. Vaya, que no hay manera.

- Blogs escépticos. Poca, poquísima gente -en proporción al número de vistantes, desde luego- consulta nuestros blogs para informarse. Yo lo compruebo a diario con los míos. La mayoría de accesos suelen venir de otros blogs escépticos o de gente que, al menos en en mi caso, sé positivamente que concuerdan bastante con mis ideas. Es decir, que me leen los adeptos, punto. El caso concreto de la Red para una Información Crítica me parece, a este respecto, significativo. Es un instrumento poderoso, una herramienta útil y válida bien utilizado y promocionado, pero no deja de ser en la actualidad un repositorio de artículos escépticos al que acuden los blogeros escépticos para leer las últimas entradas de sus amigos y compañeros blogeros escépticos. Su utilidad, pues, a efectos de promoción del pensamiento crítico, me parece más bien escasa.

(Una curiosidad al respecto: de los autores que mandáis vuestras entradas a la Red Crítica, ¿cuántos tenéis seleccionados foros o listas de correo digamos magufas donde vuestra entrada sea también publicada además de en los foros y listas propias? ¿Y los que tenéis varias de estas listas magufas seleccionadas, recibís con frecuencia comentarios por ésa parte, o más bien de tarde en tarde?)

- Las conferencias y charlas públicas sobre temas determinados y bien específicos. Ojo, no me refiero a las destinadas a un público en especial, a un segmento de la población individualizado, como pueden ser los escolares, o los jóvenes universitarios -que sí considero apropiadas y útiles-. Me refiero a esas otras que se organizan pensando en una "entrada libre", como una actividad más de tal o cual fundación o determinada actividad semiacadémica. Y la mayoría de las veces con títulos ciertamente agresivos: "Las mentiras sobre la sábana santa", o "La basura de la homeopatía" podrían ser ejemplos de ello. Sí, una y otra son mentiras y basura, desde luego, pero seamos inteligentes, no ahuyentemos a los posibles curiosos o dudosos advirtiéndoles de buenas a primeras que los vamos a machacar. Dejemos que entren a la conferencia, y luego ya veremos. Item más: guiándome por las conferencias o charlas de las que me he informado y por las que he asistido, la mayoría del público asistente congeniaba con las ideas del conferenciante, y tan sólo una o dos personas osaron realizar preguntas que pudieran suscitar una discusión o un coloquio. Me sabe mal, pero cuando alguien reseña que "300 personas acudieron a la conferencia" me suena más a "298 escépticos y otras dos personas acudieron a la conferencia". Así no vamos a ninguna parte, evidentemente.

- Las revistas editadas para el público en general, como Pensar, El Escéptico o, en muchísima menor medida y repercusión, El Escéptico Enmascarado (sí, me incluyo, yo también la he cagado). ¿Os imagináis a un magufete o a una persona desinformada pero sin especial interés en estos temas comprar una de estas publicaciones? Yo no. Ni siquiera leerlas gratis. ¿O es que el dueño de una Honda CBR comprará alguna vez una revista de Harley-Davidson, o un animalista adquirirá en el kiosko el fanzine Bous al Carrer (toros en la calle), o un vegetariano la enciclopedia de "Cien sabrosas maneras de asar el cochinillo"? Mi respuesta sigue siendo no.

- La colección ¡Vaya timo!, un esfuerzo importantísimo y creo que único hasta la fecha para la divulgación del pensamiento crítico, y que ha abarcado los temas más sobresaliente y polémicos y de la forma más llana posible, reuniendo firmas de primera categoría. Me gustaría saber, si de alguna forma pudiera, quiénes han comprado el libro, porqué motivo y cuáles son sus ideas al respecto. Creo que me encontraría con la desagradable sorpresa de que la inmensa mayoría de compradores han sido escépticos (me incluyo), y la compra la han realizado como un a modo de autoafirmación en sus pensamientos, además de como una posible fuente de argumentos de cara a eventuales enfrentamientos con el bando maguferil. ¿Un aficionado a la astrología va a comprar La astrología, ¡vaya timo!, o un creyente, convencido o no, incluso muy dubitativo, va a leerse La religión ¡vaya timo!? Permitídme dudarlo.

Ya sabéis, no hay nada peor que demostrarle a un convencido que su armamento intelectual es basura; se rebotará y se enrocará, aún a sabiendas de que podría estar equivocado, porque a nadie nos gusta que nos echen abajo lo que creíamos tan firmemente arraigado en nosotros. Así que si publicamos un libro que lleve siempre como subtítulo implícito "Te voy a joder y a carcajearme públicamente de lo que piensas" no podemos esperar triunfar con él, y menos cambiar la manera de pensar de nadie, y menos intentar orientarlo.

Creo que todos los que estamos interesados en que el pensamiento crítico se implante y germine en la sociedad debemos buscar y encontrar un método que consiga que todas nuestras ideas lleguen al gran público, al neófito, al que no está aún contaminado por las ideas y corrientes para-absurdas, antes de que sus cerebros se echen a perder. Creo, sinceramente, que hasta ahora no hemos dado en el clavo. Necesitaríamos de un foro público donde poder lanzar ideas al respecto, un brainstorming multitudinario, una cumbre de esas que sé positivamente que se celebran en el extranjero (sobre todo en USA e Inglaterra) pero que aquí todavía no se han celebrado -y si lo han hecho, no han tenido la repercusión deseada-. Desde aquí lanzo el guante por si alguien se siente capacitado para organizar un mítin de escépticos en el que el único punto del día a tratar sea el cómo llevar el pensamiento crítico a la sociedad de manera efectiva, amena y contundente.

Hace algún tiempo se me ocurrió que quizá podríamos instalar en Internet un sistema por el que el público en general pudiera dirigir anónimamente preguntas sobre temas magufos, los cuales serían respondidos, debidamente razonados y referenciados, por algunos blogeros destacados. Le participé de la idea a la responsable de Locomundo, y la cosa se transformó en el Faq Escéptico de la Red Crítica. Quizá no supimos darle en su momento la importancia que merecía, o no supimos o pudimos publicitarlo adecuadamente, el caso es que la iniciativa no tuvo demasiado éxito, y ahí está, medio muerto si no cadáver definitivo. Pero la fe (perdón por el palabro) en que el sistema funcionaría me fué devuelta hace poco cuando comprobé que Mauricio J. Schwarz tiene en Internet un sistema parecido en el que responde a sus preguntones sobre todo aquello que se le plantea, y creo que tiene un moderado éxito. Creo que por ahí deberían ir los tiros.

Y abundando en el tema, voy a proponer una idea para la promoción del pensamiento crítico que me ha estado rondando la cabeza en los últimos tiempos. Es una derivación de eso que se ha dado en llamar Escépticos en el Pub, que no sé si será un nombre registrado o más una declaración de principios y propósitos. Sería más o menos así:

- Lugar de celebración. Pues eso, algún sitio en el que todo el mundo, todo, se encuentre a gusto. Lo mejor, efectivamente, un pub o un bar o similar, o un local de conferencias abierto al público gratuitamente.

- Armamento de el/los ponentes: un ordenador portátil con conexión a internet, para poder encontrar información de forma rápida y precisa sobre cualquier tema que se plantee. No estaría mal llevar unos cuantos folios preparados con los enlaces mejores y más serios sobre los temas que abarca el pensamiento crítico en general, y que se puedan repartir al final entre los interesados en informarse más y mejor.

- El local deberá contar al menos con un equipo de sonido y dos micrófonos, uno para el/los ponentes y otro para que se lo vayan pasando por entre el público.

- Mecánica del evento. Lo primero, evitar un título y una temática concreta, mejor referirse a algo genérico sobre lo que va a ocurrir en el local, por ejemplo Todo lo que usted siempre quiso saber sobre las pseudociencias y lo paranormal ahora tendrá oportunidad de averiguarlo. Por favor, haga su pregunta, o algo parecido, lo dejo a la imaginación del valiente que se atreva con ello. Y, en efecto, la sesión circulará por ahí: preguntas del público sobre cualquier tema que le interese, dentro del general propuesto en el título, y respuesta de el/los ponentes, bien referenciada y explicada. Pueden tocarse todos los temas, garantizándose así la amenidad y la variedad.

A base de preguntas cortas y sobre temas concretos la gente puede informarse o hacerse una idea mínima sobre algún tema que le interese. Si la respuesta le suscita curiosidad, ya encontrará otras fuentes mejores y más extensas donde beber. No se le humilla, ni se le discrimina, ni se le cuestiona, simplemente se le informa sobre algo que le ha interesado en un momento dado. Y se le proporcionan los medios y sitios donde encontrar esa información ampliada.

Casi con seguridad que a muchos de los que estáis leyendo esto ahora mismo se os están ocurriendo formas de mejorar lo que he propuesto, u otro tipo de iniciativas al respecto. Por favor, no os las guardéis, hacédlas públicas en un sitio común para todos nosotros (un foro, una lista de correo, Twitter, Facebook...) y démosle forma entre todos. Salgamos a la calle de una vez y tomémosla por la fuerza. Por la fuerza de la razón, obviamente.