10 noviembre 2010

Algunos científicos también confían en las fases lunares para realizar sus experimentos

Todos sabemos las influencias tan misteriosas y extraordinarias que dicen los magufones provoca la Luna en nosotros y nuestro planeta: que si cambios de carácter, que si aumentan los suicidios, los partos prematuros, las broncas en las discotecas, que si hay que sembrar mijo con luna llena o recolectar el tomate en cuarto creciente. Muchas de ellas, la mayoría, son sólo eso, desvaríos de desocupados, pero hay algunas que no lo son y que pueden provocar cambios en nuestro ambiente mucho más drásticos e importantes de lo que nosotros suponemos.


Por ejemplo, la principal de esas influencias, la gravedad. Sabemos que provoca -principalmente- las mareas, el flujo y reflujo de los mares y aguas estancadas del planeta. También influye sobre la tierra en sí misma: las rocas del subsuelo no están fijadas con pegamento, sino que se deslizan suavemente -a veces no tanto- unas sobre otras, y la gravedad hace que estos movimientos se hagan más evidentes en algunos casos.

Fijándonos en el suelo que pisamos, durante la luna llena puede llegar a "levantarse" hasta 25 cm. La atracción de la luna provoca el alzamiento de la corteza terrestre en un movimiento que nos pasa inadvertido, ya que no se produce por picos o en superficies determinadas, sino a lo largo de fallas y corredores de enorme extensión, de tal forma que no es suficiente para que lo advirtamos, pero es un efecto perfectamente medible.

Y si no que se lo digan a los físicos del CERN. Efectivamente, cual si de magufos se tratara, deben proyectar sus experimentos con partículas cuando la luna se halla en determinada fase. ¿Por qué? ¿Porque la energía telúrica y numinosa es más propicia, o porque las constelaciones y planetas auguran un mayor o menor éxito en los experimentos? Pues no. Simplemente porque el propio movimiento de atracción lunar provoca, como decíamos, que la superficie terrestre se deforme, y la longitud total del anillo del LHC se modifique en consecuencia en algo más de 1 mm, lo que causa variaciones en las mediciones de energía, en la detección de colisiones atómicas, etc. Como se expresa en uno de los documentos divulgativos del CERN:

At the LHC, beam energy will be influenced by the Moon in much the same way as at LEP. The absolute collision energy is not as critical an issue for the LHC experiments as it was at LEP, but the tidal variations will have to be taken into account when the beams are injected into the collider. The phenomenon of tides in the ocean due to the influence of the Moon (and to a lesser extent that of the Sun) is well known. They cause the level of water on the edge of the sea to rise and fall with a cycle of some 12 hours. The ground is also subject to the effect of lunar attraction because the rocks that make it up are elastic. At the new Moon and when the Moon is full, the Earth’s crust rises by some 25 cm in the Geneva area under the effect of these ‘ground tides’. This movement causes a variation of 1 mm in the circumference of the LHC (for a total circumference of 26.6 km) and this produces changes in beam energy. Thus, physicists must take the Moon into account in their measurements.

Así que ya saben, mis amigos, no siempre es conveniente fruncir el ceño cuando alguien nos cuente que los científicos también confían en la luna para cosechar los frutos de sus experimentos.