15 mayo 2011

El dios asesino de Tanzania

En Samunge, una pequeña aldea de Tanzania, se ha instalado un médico-brujo-reverendo curalotodo que fabrica un brebaje a base de té y hierbas del que afirma es capaz de curar las enfermedades más graves, desde el SIDA hasta el cáncer. Las colas de peregrinos llegan a los 15 kilómetros, y la gente acude a pie, en Land-Rovers, incluso en helicóptero (a pesar de los 1.000 dólares que cuesta el pasaje).


Como es habitual, el anciano brujo relata que fué durante un sueño cuando una mujer se le apareció y le indicó los ingredientes del mágico brebaje, y desde entonces se dedica a ofrecerlo -bueno, a venderlo, aún por una módica cantidad- a todos los visitantes, enfermos o no, que acuden a él desde todos los puntos del país.

Según afirma, es dios el que cura, la fé, la devoción. Por eso la farmacia del pueblo, que se encuentra a pocos metros de la vivienda del brujo, lleva semanas cerrada. Ya no hay medicina tradicional en Samunge, nada de medicamentos, sólo la pócima milagrosa y mucha oración.

Las autoridades del país, uno de los más crédulos del mundo (cerca del 80% de su población cree en hechizos y en magia), apoyan decididamente la iniciativa del brujo, incluso el mismo presidente de Tanzania ha prometido acudir a su consultorio.

Las otras autoridades, las eclesiásticas, no han dicho ni mú: nada contra la barbarie de permitir que la gente muera a miles por falta de atención médica responsable, muy orondos -se supone- y satisfechos de que sea dios, su dios, el que rija la vida y la muerte de todas esas personas desesperadas, sin hacer absolutamente nada para evitarlo. Un nuevo Lourdes a la africana, con sus vergüenzas, mentiras y crueldad a mansalva.

Muchos dicen que la fe y la creencia no son nocivas, que allá cada cual con las suyas. Mentira. MENTIRA. En este pueblo de Tanzania miles y miles de personas van a morir por falta de atención médica, por confiar en la curación milagrosa que les llegará a través de la fe y la oración y ese mejunje imbécil, seguramente glorificados por las autoridades eclesiales y beatificados como mártires de los males del demonio. Pero es es un asesinato en masa, un genocidio consentido y amparado por la iglesia. Otro más.