Como es habitual, el anciano brujo relata que fué durante un sueño cuando una mujer se le apareció y le indicó los ingredientes del mágico brebaje, y desde entonces se dedica a ofrecerlo -bueno, a venderlo, aún por una módica cantidad- a todos los visitantes, enfermos o no, que acuden a él desde todos los puntos del país.Según afirma, es dios el que cura, la fé, la devoción. Por eso la farmacia del pueblo, que se encuentra a pocos metros de la vivienda del brujo, lleva semanas cerrada. Ya no hay medicina tradicional en Samunge, nada de medicamentos, sólo la pócima milagrosa y mucha oración.
Las autoridades del país, uno de los más crédulos del mundo (cerca del 80% de su población cree en hechizos y en magia), apoyan decididamente la iniciativa del brujo, incluso el mismo presidente de Tanzania ha prometido acudir a su consultorio.
Las otras autoridades, las eclesiásticas, no han dicho ni mú: nada contra la barbarie de permitir que la gente muera a miles por falta de atención médica responsable, muy orondos -se supone- y satisfechos de que sea dios, su dios, el que rija la vida y la muerte de todas esas personas desesperadas, sin hacer absolutamente nada para evitarlo. Un nuevo Lourdes a la africana, con sus vergüenzas, mentiras y crueldad a mansalva.
Muchos dicen que la fe y la creencia no son nocivas, que allá cada cual con las suyas. Mentira. MENTIRA. En este pueblo de Tanzania miles y miles de personas van a morir por falta de atención médica, por confiar en la curación milagrosa que les llegará a través de la fe y la oración y ese mejunje imbécil, seguramente glorificados por las autoridades eclesiales y beatificados como mártires de los males del demonio. Pero es es un asesinato en masa, un genocidio consentido y amparado por la iglesia. Otro más.