17 septiembre 2011

Dietas, regímenes alimenticios... y quizá algo inesperado

Todas las dietas son óptimas y consiguen adelgazar al sujeto. Punto.

Tanto si hablamos de una dieta baja en calorías, como alta en frutas y verduras, o baja en carbohidratos, o alta en proteínas, o dietas monoalimenticias, o tomamos cualquier otra dieta de las que aparecen a cientos en Internet, todas, absolutamente todas, consiguen su objetivo: hacer adelgazar al sujeto. Cuando lo que se persigue es perder esos tres o cuatro kilos de más que nos impiden usar la ropa del año pasado, o para evitar ese movimiento de michelines tan antiestético en la piscina, o cuando necesitamos embutirnos en un traje por una boda imprevista, prácticamente cualquiera de las múltiples dietas existentes nos ayudará a conseguirlo. Igual si seguimos la dieta Atkins, Dukan, Montignac, la del pomelo, la dieta del astronauta o la de Jane Fonda, igual da, todas funcionan.Y no os creáis eso de que hay dietas perjudiciales para la salud, malísimas de horror: cuando el objetivo de perder algo de peso se puede conseguir en apenas dos semanas no hay ninguna dieta tan perniciosa que pueda provocarnos complicaciones graves en nuestra salud en tan poco tiempo. Quizá el ayuno total, pero eso es otro cantar.



Otra cosa muy diferente son los regímenes alimenticios. Ahora ya no se trata de perder con urgencia algunos kilos de más, sino de tratar un problema más o menos grave de obesidad, y aquí la cosa cambia, y mucho. Ya no vale cualquier dieta, los emprendimientos temporales suelen fracasar y seguir alguna dieta descompensada durante largo tiempo puede resultar francamente peligroso. Pero todo tiene su secreto, y en cuestión de alimentación este no es otro que CAMBIAR LOS HÁBITOS ALIMENTICIOS, CAMBIAR LA MANERA DE ALIMENTARSE NO POR UNAS POCAS SEMANAS, SINO PARA TODA LA VIDA. 

Cualquier dieta que sigamos, al abandonarla por haber cumplido su objetivo y volver a nuestra manera habitual de alimentarnos, provocará el temido "efecto rebote". Este efecto no es que sea especialmente grave según la dieta que sigamos, simplemente es cuestión de sentido común: si estábamos obesos por unas determinadas costumbres alimenticias, y volvemos a ellas, volveremos a estar obesos. Chimpúm. No hay otra. Es así de simple.

Por ello hay que saber, antes de intenar controlar o bajar nuestro peso, cuál va a ser el objetivo principal: perder sólo algunos kilos o dejar de ser obesos para siempre. En el primer caso, como veíamos al principio, cualquier dieta temporal vale; para el segundo, lo mejor es seguir un régimen alimenticio equilibrado, prefiriendo cierto tipo de alimentos, restringiendo otros y prohibiendo totalmente algunos más. Una alimentación rica en verduras y carnes magras, usando pocas grasas y siempre las recomendables (Omega3, etc), evitando las harinas refinadas, restringiendo razonablemente la ingesta de hidratos de carbono (pastas, patatas, féculas, dulces...), todo distribuido a lo largo del día en cinco raciones pequeñas y realizando ejercicio físico habitual normalmente bastará para adelgazar lo suficiente como para recuperar nuestro peso ideal. (Por cierto, olvidáos de esas tablas que circulan por ahí que dicen mostrarnos nuestro peso ideal según el índice de masa corporal: la constitución física de cada persona es diferente y las reglas generales aquí no son aplicables).

Una vez logrado el peso ideal, lo difícil será mantenerlo para siempre. Como he dicho al principio, si volvemos a las costumbres alimentarias que nos convirtieron en obesos cometeremos el más grande error. Debemos encontrar una manera de mantener nuestro peso más o menos constante sin hacer ni grandes esfuerzos ni enormes sacrificios. Para mantenerse, en mi caso particular, el Dr. Grande Covián es mi "guía espiritual" y propone un plan muy simple: comer de todo pero en raciones reducidas, así de fácil y de simple. Y un dietista y biólogo amigo me recomendaba su particular plan para mantener el peso: durante la semana, poco y todo a la plancha; el fin de semana, todo lo que quieras y como quieras.

Y ahora lo que algunos considerarán inesperado, o al menos extraño: TODO LO ANTERIOR SE CONSIGUE FÁCILMENTE SIGUIENDO LA DIETA DEL DR. ATKINS. No es una "dieta milagro", como algunos se empeñan en calificar, ni suprime los hidratos de carbono, como aseguran otros, ni es claramente perjudicial para la salud, como piensan muchos. Nada de eso. Es un regímen alimenticio muy lógico, bien pensado y estructurado, comprobado, sometido a mil críticas que no han conseguido disminuir su popularidad ni un ápice, todo lo contrario, y cuyos resultados pueden atestiguar miles y miles de usuarios -incluido quien esto escribe- a lo largo de todo el mundo. Sólo hace falta conocerlo a fondo y no hablar sin conocimiento de causa.

Puede parecer, al final de la historia, que afirmo que la dieta Atkins no pasa de ser una dieta más o menos convencional, con sus particularidades propias. Y así es, como comprobará quien se moleste en conocerla a fondo. Sin embargo tiene una característica que, bajo mi punto de vista, justifica su enorme éxito, y que la diferencia claramente de todas las demás: incide de manera esencial en el estado piscológico del sujeto. No restringe las cantidades de alimentos permitidos, ni su frecuencia en la ingesta, es enormemente variada y divertida, no crea la horrible sensación en la persona de "estar a dieta", de estar permanentemente perdiéndose algo, de estar insatisfecha o reprimida, y eso la hace muy fácil de cumplir y no acarrea los típicos problemas de ansiedad y/o aburrimiento que hace que las demás dietas fracasen. Esta es, a mi juicio, su gran virtud.

Como sé que, a pesar de todo lo dicho, muchos de vosotros habréis torcido el morro con desaprobación (algunos incluso me tacharán de magufo o algo peor) os emplazo a mi nuevo espacio en Internet sobre la dieta Atkins y sus características. Allí podréis plantearme todas las dudas que se os ocurran acerca de esta dieta, y procuraré reponderlas apoyándome en lo único en lo que confío y he confiado hasta ahora: mi propia y enormemente positiva experiencia con la misma.