24 diciembre 2011

El Ibuprofeno cumple 50 años. ¡Felicidades!


El ibuprofeno fue descubierto en 1961 por el farmacéutico de Boots Stewart Adams y sus colegas en un laboratorio de Nottingham, y estaba orientado en un principio a tratar la artritis reumatoide. Desde entonces lo usan millones de personas en todo el mundo, está especialmente indicado contra los dolores moderados y, sobre todo, es un potente antiinflamatorio. También tiene, como la inmensa mayoria de productos, efectos secundarios que pueden ser severos si se abusa de él, como daño renal principalmente. En la actualidad se siguen investigando estos efectos y se busca mejorar el producto para evitarlos en todo lo posible. Se sigue el procedimiento estándar, vaya.

¡Y todo esto en sólo 50 años..! Por cierto, que digo yo:

¿Y en más de 3.000 años la medicina tradicional china debe haber solucionado ya todos los problemas sanitarios, no sólo de China, sino del mundo entero, no? Pues no. En más de 3.000 años sigue más o menos como cuando dicen que empezó, clavando agujitas en el cuerpo e invocando energías misteriosas y estrambóticas. La expectativa de vida allí ha mejorado muchísimo, sí, pero gracias a la medicina convencional, que entró en el país asiático allá por los 50 del siglo pasado.

¿La Homeopatía en casi 300 años también habrá tenido oportunidad de avanzar una barbaridad y curar un montón de enfermedades, eh? Pues no, tampoco. Seguimos como cuando el señor Hahnneman utilizaba biblias forradas de piel para mezclar sus diluciones esotéricas. Nothing de nothing.

¿Las terapias naturales sí habrán servido de algo en todo este tiempo, no? Pues de poco, para qué nos vamos a engañar: con la musicoterapia algunos aprendieron a tocar el sitar sin dormirse, otros con el yoga se dedicaron a recitar palabrejos de sonoridad profunda y efectos ausentes, algunos optaron por quitarse las agujetas a base de estiramientos místicos y gimnasia recreativa, o amirarse el iris embobados frente a un espejo... en fin, todo como muy natural, y muy inútil.

Y así toda una larguísima lista de inutilidades y divertimentos de salón, a cual más estrafalario, eso sí, todos bastante rentables económicamente, y que me costarían de relacionar al menos diez o doce folios. Pero me está entrando dolor de cabeza sólo de pensarlo, así que me voy a tomar un Ibuprofeno y a echarme una siestecita. Que ustedes lo ibuprofeneen bien.