26 diciembre 2011

Feliz Navidad, señor homeópata

De los médicos homeópatas (oxímoron clamoroso) ya hablaremos otro día. Hoy quiero formular una simple pregunta a las personas que ejercen como homeópatas sin ser médicos:

Estimado señor homeópata:
¿Si mañana le llevan a un niño aquejado por ejemplo de un sarpullido, usted, sin ser médico, y sin saber realmente si lo que tiene el niño es leve o grave, sin tener conocimientos de medicina y específicos de pediatría, usted va a recomendar a los padres un producto que no tiene ingrediente activo alguno -cosa que usted debe saber no ya como homeópata, que también, sino como persona medianamente instruída- sin saber si quizá le esté quitando tiempo de vida a ese niño impidiendo que los padres lo lleven al médico de verdad, convencido de que, al menos, daño no le hará, ya que se compone de "nada", usted luego se acostará por la noche, después de haber cobrado la consulta, sin preguntarse por la suerte que correrá ese crío a partir del momento en que abandonó su despacho, usted puede dormir tranquilo con esa carga, satisfecho, de verdad me lo dice, es usted capaz de ser tan amoral y tan cínico?

Pues que lo sepan todos los homeópatas no médicos del mundo: me dan ustedes ganas de vomitar. Y ya digo, de los que son a la vez médicos y homeópatas ya hablaremos otro día. Quizá hasta sean peores.