Iker Jiménez se ha convertido, en un relativamente breve lapso de tiempo (tan sólo algunos años), en el principal referente de lo que se conoce como "mundillo" de lo paranormal. En Internet raro es el blog o la web, del bando escéptico o del crédulo, que no se ha referido a él mismo o a alguna de sus historias en sus páginas. Se le pone como ejemplo de lo que no debería ser un pretendido investigador serio del misterio, por un lado, y como el adalid de la objetividad y de la honradez periodística, por parte del otro. Es odiado y adorado, ridiculizado y respetado, defenestrado y encumbrado, y todo ello con la misma vehemencia sea cual sea el bando del que provenga la opinión o el comentario. ¿De verdad es tan polémico este personaje, en serio se merece tanta atención?
Veamos: Iker no es tonto, y sabe interpretar los signos y señales que le llegan desde afuera. Desde hace bastante tiempo que el bando escéptico (perdón por la denominación, pero no se me ocurre otra más simple) le golpea virtualmente, le critica, le pone de vuelta y media, se ríe en sus narices de sus evidentes meteduras de pata, de sus manipulaciones y de sus medias verdades, del periodismo pacotillero y facilón que practica y de sus ambiciones crematísticas a costa de ello. ¿Cómo ha reaccionado ante esto? Creo que de la forma que no esperábamos.
Seguramente preveíamos por su parte un enroque cada vez más puñetero en sus propias convicciones, haya lo que haya tras ellas, cerrarse cada vez más en sus posturas, ser cada vez más intransigente, avinagrar sus ataques a los que no comulgamos con sus tontadas y, definitivamente, perder el oremus. Pero deténgase usted, porque eso sin duda provocaría el comienzo de su caída: ante los escépticos, porque era cuestión de tiempo que se le fuera la olla del todo y por fin cometiese la más vergonzante de sus actuaciones, pero también ante sus acólitos, ya que muchísimos de ellos, a pesar de seguirle, no lo hacen ciegamente, y no están dispuestos a tolerarle desbarradas extremas, a las que últimamente -por cierto- nos venía acostumbrando.
Pues no. Nos ha hecho caso, o por lo menos en parte. Ahora, cada vez más fecuentemente, lleva a escépticos a su programa (o por lo menos a personas que podrían considerarse más o menos neutrales), les da cancha, demanda sus opiniones y no les roba tiempo ni les interrumpe cada tres segundos. Se va volviendo menos radical, menos tajante, más abierto. El otro día trató en su programa el asunto de los chemtrails, y junto a sus colaboradores habituales y a un invitado, todos ellos bastante más idos del coco que él mismo, llevó a un meteorólogo, y como digo le dió cancha, le dejo expresarse en total libertad, nunca arrimó el ascua a su sardina. Podría decirse -y que el todopoderoso dios del spaguetti volador me perdone- que estábamos ante un programa de debate normal y corriente, con sus dos posturas contrarias bien definidas, pero todo en plan muy respetuoso y serio. Apuesto a que, a partir de ahora, sus colaboradores más estrechos y más descoyuntantes van a ir desapareciendo del programa, va a ser cada vez más difícil verlos en pantalla dejando en pelotas a su jefe ante sus millones de seguidores con sus astracanadas.
Claro, la jugada es evidente. ¿Cómo acallar las contínuas protestas escépticas acerca de sus barrabasadas paranormales? Dotando de algo de cientifismo a su programa; así los amansa. ¿Cómo proveer a sus acólitos de una poderosa arma de antiescepticismo? Logrando que ellos mismos sean los primeros en anunciar a bombo y platillo que a los programas de Iker acuden científicos para equilibrar las opiniones del bando contrario. Los malditos escépticos tendrán que callar ahora; ya tienen lo que querían, opiniones encontradas y libres. Resultado: su programa no para de subir, en audiencia y, lo que es peor para todos nosotros, la propia persona de Iker Jiménez está creciendo en credibilidad. Lo noto en los foros paranormaleros y en las opiniones que recabo por doquier.
Y repito, todo esto está ocurriendo desde hace muy poco tiempo. Iker se ha olido la jugada, cuenta con medios y los ha puesto a su servicio. La cadena para la que trabaja tiene ahora verdaderas razones para confirmale en su puesto, si no para incrementar sus apariciones en la misma (acabo de ver en Cuatro un adelanto de una especie de subproducto televisivo en el que va a aparecer nuestro personaje, acompañando de una linda señorita, por cierto).
Por supuesto que a él le sigue importando un pijo muerto la verdad, la rectitud, la honradez y la cultura. Va seguir medrando a costa de sus fantasías, contará con sus acólitos riendole las gracietas y Cuatro podrá enarbolarlo como el representante más auténtico de lo que debería ser un programa pluralista, abierto al debate y sin prejuicios.
Lo pienso de veras: menudo gol nos está metiendo.
Lo peor de todo es que cada vez estoy más convencido de que la culpa la tenemos nosotros, el bando escéptico y criticón. No lo olvidemos: el suyo debe ser de los pocos programas que ven la gente que le sigue y la que le critica, los unos y los otros, todos, pues. Y cuanto más en boca de todos siga estando, peor para nosotros y mejor para él, claramente.
Y de ahí el título de la entrada. Adiós, Iker, hasta siempre, chato. En esta mierda de blog ya no vas a encontrar quien te levante palomas para que tú las caces. Te juro que ni el mismo día de tu ostracismo -ojalá que no tarde en llegar- te mencionaré. Ya no voy a hacerte más el juego, se acabó.
Si alguien me sigue podríamos hacer pandilla. Y si no, es que estaré equivocado. Total, a él le va a seguir importando menos que una mierda pinchada en un palo.
21 noviembre 2008
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