26 febrero 2009

El mito de la alimentación natural

Ya he escrito en otros lugares y ocasiones acerca de los bulos y mitos que rodean la alimentación llamada natural, he mencionado lo poco coherentes que me resultan los vegetarianos (no digo nada de los veganos....) y también sobre las llamadas dietas milagro y sus funestas consecuencias. Ahora he encontrado una voz mucho más autorizada que la mía que trata estos temas, cosa que me regocija pues no hace sino reafirmarme más aún si cabe en mis convicciones y opiniones en el asunto. Se trata del doctor Francisco Grande Covián

No me resisto a transcribir aquí unos pocos párrafos de su libro Nutrición y Salud, porque además de -como decía- fortalecer mis ideas, creo que podrían tomarse literalmente como una auténtica declaración de pensamiento escéptico y crítico. En algunos momentos sólo hay que sustituir la palabra alimentación o alimento por cualquier mamarrachada paranormal y el examen es esclarecedor y atinadísimo. Aquí van, que los disfrutéis:

"Para muchas personas, la adición del adjetivo natural al nombre de un producto alimenticio basta para convertirlo automáticamente en un alimento dotado de extraordinarias propiedades nutritivas, de las que el mismo producto carece cuando no es objeto de tal calificación. La realidad enseña, sin embargo, que dichas propiedades sólo existen en la imaginación de los creyentes en la llamada alimentación natural. La supuesta superioridad de los supuestos alimentos naturales nunca ha podido ser científicamente documentada, y las propiedades arbitrariamente atribuídas a los alimentos así llamados son, muy frecuentemente, incompatibles con los conocimientos científicos generalmente admitidos en el momento actual.

Paradójicamente, el mito de la alimentación natural consiste, a fin de cuentas, en atribuir a los llamados alimentos naturales propiedades que son de hecho sobrenaturales, sin posible explicación racional.

La primera dificultad con que nos hallamos al enfrentarnos con el mito de la alimentación natural consiste en que no es posible definir con precisión aceptable qué es lo que debemos entender por alimento natural. En un sentido estricto, el calificativo natural solo es aplicable a aquello que se produce espontáneamente, sin intervención de la mano del hombre.

[...] Pero además no todo lo que crece espontáneamente, sin intervención de la mano del hombre, es adecuado para nuestra alimentación. Las setas venenosas que crecen espontáneamente son, sin duda alguna, naturales en el más riguroso sentido de la palabra. Los ejemplos podrían multiplicarse. La cassava (Manibot esculenta, yuca o mandioca, que es un alimento utilizado en las regiones tropicales, tiene una sustancia que produce ácido cianhídrico. Este puede ser eliminado moliendo la raíz de la planta y dejándola secar al sol, o incubándola en agua antes de secarla. La cassava natural es tóxica; deja de serlo cuando deja de ser natural.

[...] Pero además, y esto es menos sabido, los alimentos que consumimos contienen numerosas sustancias perfectamente identificadas químicamente, que no son indispensables para nuestra nutrición. Una patata, por ejemplo, contiene unas 150 sustancias químicas diferentes [...] Algunas de estas sustancias son potencialmente tóxicas, pero afortunadamente se encuentran en muy pequeña cantidad y nuestro organismo posee mecanismos que le permiten, en condiciones normales, neutralizar su toxicidad. Es sorprendente que la preocupación de la sociedad actual por los aditivos alimenticios no se acompañe de una precaución semejante por estas sustancias que podríamos considerar como aditivos naturales. Quizá los partidarios de la alimentación natural creen que por tratarse de aditivos naturales no pueden ser perjudiciales.

[...] Hace cosa de medio millón de años el hombre aprendió a utilizar el fuego y, andando el tiempo, aprendió también a emplearlo para cocer los alimentos. Gracias a ello pudo utilizar para su alimentación productos que antes era incapaz de masticar y tragar, así como productos que contenían sustancias nocivas que podían ser destruídas por la cocción. De este modo pudo introducir una mayor variedad en sus hábitos alimenticios. El antropólogo norteamericano Carleton Coon (1954) ha propuesto que la cocción de los alimentos puede haber sido un factor decisivo en el tránsito de una forma de vida primariamente animal a otra más propiamente humana.

Pero la cocción de los alimentos plantea a mi juicio un problema muy grave para los creyentes en la alimentación natural. En la medida en que en la cocción interviene la mano del hombre puede decirse, con toda lógica, que un alimento cocido ha dejado de ser un alimento natural. ¿Creen los entusiastas de la alimentación natural que debemos vovler a alimentarnos exclusivamente de alimentos crudos?

[...] Los creyentes en la existencia de una dieta natural parecen estar en posesión de información de la que carecemos el resto de los mortales. Esto les permite clasificar los alimentos a su capricho, y es inútil buscar argumentos racionales que justifiquen tal clasificación. Algunos creyentes en la alimentación natural sostienen que un vegetal abonado con estiércol es un producto natural, mientras que el mismo vegetal abonado con un abono inorgánico no lo es. Esta sorprendente creencia, aparte de indicar una lamentable ignorancia de la nutrición de los vegetales, no encuentra apoyo alguno en los estudios realizados al efecto.

[...] Hay también quien cree que una vitamina, por ejemplo, que ha sido obtenida de una planta es superior a la misma vitamina obtenida en laboratorio. Esta creencia indica una descomunal ignorancia de los conocimientos químicos más elementales y debe ser rechazada sin la menos contemplación. [...] En cuantgo yo sé, según explico más tarde en esta obra, nuestro organismo es incapaz de distinguir entre la vitamina que existe en el alimento y la que se encuentra en un comprimido adquirido en la farmacia.

[...] La creencia en la superioridad de todo lo natural, o de todo lo que pensamos que lo es, es a mi entender un reflejo de la creencia en el hombre como rey de la creación, a cuyo servicio está la naturaleza. Es una consecuencia de nuestra concepción antropocéntrica del universo.

Sería exagerado decir que la creencia en la alimentación natural constituye un peligro para la salud pública, pero puede serlo en ciertas circunstancias. Todos conocemos casos en los que el tratamiento de un paciente mediante una supuesta dieta natural impidió descubrir la enfermedad que le aquejaba y poner en práctica el tratamiento médico que quizá hubiera podido curarle.

El mayor peligro de la creencia en la alimentación natural se debe al empleo del calificativo con fines comerciales. Ocurre con frecuencia que el calificativo se aplica deliberadamente a géneros alimenticios de dudosa calidad, que no satisfacen en muchos casos las exigencias de la legislación vigente en la mayor parte de los países. Seducido por el calificativo, el público paga más por estos productos y pone en peligro su salud. La venta de tales productos alimenticios, calificados como naturales, sólo beneficia al vendedor y no al consumidor. Se trata, simplemente, de un fraude"


Amén, doctor.

07 febrero 2009

La osteopatía, huesos que respiran y líquidos que rebosan

Una aclaración preliminar y urgente, para evitar engaños: la osteopatía no tiene nada que ver con la Fisioterapia, que es una especialidad médica amplia y oficialmente reconocida y practicada en todo el mundo. La osteopatía es una patraña infumable cuyas bases son tan endebles y etéreas como las de la homeopatía. Y si no, al loro.

La osteopatía nació durante la segunda mitad del siglo XIX en los Estados Unidos, de la mano de A.T. Still, hijo de un pastor metodista y practicante de Virginia. Still realizó estudios de medicina y cirugía en Missouri. Descontento con la práctica médica de su época desarrolló después de algunos años un nuevo planteamiento acerca de cómo debían contemplarse la salud y la enfermedad, al que denominó osteopatía, que en la concepción etimológica original de Still venía a significar "la vía del hueso" (de osteo, hueso y pathos, camino).

Basó su nueva especialidad en tres pilares o leyes fundamentales, a saber:

1. La ley de la arteria. Ya que todas las sustancias tóxicas del organismo eran transportadas por la sangre, el estado de las arterias era considerado fundamental.

2. Cualquier disfunción orgánica o enfermedad venía precedida por un fallo estructural del cuerpo, tanto en lo referente a tejidos como al esqueleto óseo.

3. El poder autocurativo del cuerpo humano. Las personas nacemos sanas y permanecemos sanas hasta nuestra muerte. Ciertas alteraciones temporales de este estado nos provocan diversas afecciones, por lo que hay que escuchar al cuerpo, que será el que nos diga dónde radica el problema.

La osteopatía se diferencia de otro tipo de masajes y terapias corporales en que no es agresiva con el cuerpo humano. En palabras de Harris: "El tratamiento suele durar aproximadamente entre unos 45 minutos - 60 minutos, generalmente se realiza con la persona vestida y arropada sobre la camilla. Usando un contacto delicado, el terapeuta lleva más consciencia a una zona de interés, que puede estar en cualquier lugar del cuerpo, y con técnicas suaves, permite que las tensiones subyacentes y las restricciones que contribuyen al malestar o a otros síntomas, se liberen."

La manipulación suave y sabia de los osteópatas no sólo revierte lesiones vertebrales, sino también enfermedades de las vísceras, musculares, etc.

Uno de los discípulos más aventajados de Still fué W.G. Sutherland. Convencido no se sabe muy bien en base a qué experimentos de que las suturas de los huesos craneales en realidad permiten su movimiento independiente, es decir, que los huesos del cráneo no están soldados entre sí, como se sabía hasta entonces, y que este mal cierre provoca que el flujo del líquido cefalorraquídeo sea impredecible, decidió experimentar consigo mismo. Diseñó un casco de correas de cuero, que le permitía abrir y cerrar las suturas, para así bloquear y desbloquear los huesos craneales a fin de estudiar sus consecuencias. Este casco lo tuvo puesto durante varios días. Al mantener apretadas las correas, producía bloqueos en los huesos craneales y con ello se manifestaban diversos síntomas, como dolor de cabeza, naúseas, migrañas, dolores diversos en articulaciones y músculos, además de irritabilidad, estados de depresión, nerviosismo, etc. Al liberar las correas se permitía -según él- el libre movimiento articular, y las molestias cesaban. De ahí que decidiera anunciar al mundo su descubrimiento como la nueva Terapia Craneosacral.

"La Terapia Craneosacral se basa en el principio de que existe una pulsación sutil que emerge en los tejidos y fluidos del núcleo del cuerpo. Esta pulsación es una expresión de la fuerza de vida básica del individuo; los primeros terapeutas craneosacrales la denominaron «Aliento de Vida». La naturaleza de esta pulsación es rítmica; tiene una fase de expansión y otra de relajación; y se expresa en todos los fluidos, huesos, tejidos, membranas, y dentro y alrededor del sitema nervioso central, aunque también es posible sentirla en todo el resto del cuerpo".

La verdadera carta de naturaleza de esta nueva terapia la obtuvo un día, cuando paseaba por la orilla de un lago, y encontró a un hombre que se había ahogado. Este hombre estaba acostado en la orilla y sus señales vitales respiratorias, al igual que su ritmo cardíaco se habían detenido. Sin embargo, cuando Sutherland puso las manos en su cabeza, sintió que todavía estaba presente la Respiración Primaria. Entonces aplicó una técnica para fomentar el reinicio del Impulso Respiratorio Primario, y en un breve lapso de tiempo, el corazón de este hombre y su respiración comenzaron de nuevo, y volvió a la vida.

"La Terapia Craneosacral nunca se impone sobre el cuerpo, sino que trabaja con él, en cooperación con él, estimulando sus energías curativas inherentes. Nosotros formamos a terapeutas para utilizar sus manos como “oyentes” neutrales, con manos extremadamente sensitivas, así pues, la terapia es principalmente el arte de escuchar la historia del paciente recogida en su cuerpo, a través de las manos. El terapeuta escucha los patrones intrínsecos del movimiento del cuerpo, ritmos, pulsaciones y es capaz de detectar donde aparecen patrones de congestión y resistencia. A través de esta escucha profunda, el terapeuta ayuda a disolver estas resistencias en tejidos,huesos y fluidos, desencadenando todo ello en una revitalización del sistema en su totalidad" (Harris)

Existen depredadores de esta patraña que se encargan de recomendarnos la terapia craneosacral en los casos en que un niño haya tenido problemas de tipo traumático al nacer, o que hayan provocado dificultad en el parto de manera que la cabeza del bebé haya resultado en cierta forma dañada en ese mismo momento. Ellos, los terapeutas craneosacrales, se encargan de reorganizar de nuevo los huesos del cráneo para que quede garantizada la futura salud de la criatura.

Según ellos, "algunas alteraciones que podemos observar producidas por tensiones no resueltas [se refiere el autor al shock producido durante el parto], pueden ser las causantes de dificultades para orientarse, se asusta fácilmente ante un sonido, hipersensibilidad al acercamiento o contacto, deseo de no ser cogido en brazos, cólicos del lactante, estreñimiento, problemas para amamantar, dificultades en conciliar el sueño, llanto inconsolable, etc."

Como se puede apreciar observando detenidamente estas alteraciones, todos nosotros hemos tenido en mayor o menor medida un shock traumático al nacer, amén de multitud de "tensiones no resueltas", porque vaya, ese es el comportamiento típico de cualquier bebé del mundo.

Sigamos con los pobres bebés. Esta barbaridad pseudomédica da lugar, por ejemplo, a estos episodios, más propios de un brujo de "El Templo Perdido" que de una persona que dice dedicarse a la salud de los demás:

"El terapeuta debe averiguar la historia del nacimiento pero sin el bebé presente. De no ser así, puede ser retraumático para el bebé. Recuerde, los bebés oyen y entienden todo pero a su propia manera. Los bebés experimentan y procesan el mundo con su cuerpo entero. Nosotros construimos una imagen del cuerpo según el mundo se comunica con nosotros a través de nuestra piel hasta nuestro tejido blando interior y sistemas de fluido, la cuna de nuestro conocimiento del mundo interior de quiénes somos. Nuestro cuerpo es nuestro ego original en los seis primeros años de vida. El sistema límbico, sobre todo la amígdala que es el principal indicador de emociones, es bastante activo en los bebés y directamente conectado al hemisferio derecho, la corteza emocional. Las primeras sesiones de terapia craneosacral con un niño suponen un proceso de descubrimiento y observación de estas profundas interacciones físicas y emocionales. El terapeuta debe aprender a apoyar a la madre y a su niño, especialmente permitiéndole al niño tener a mano el contacto físico con ella. Por tanto, las primeras sesiones de terapia craneosacral son más de observación y contenidas.

El terapeuta observa cómo la historia de este nacimiento se desarrolla entre la madre y niño y se siente lentamente dentro del campo de amor y vínculo que se crea momento a momento. Realmente disfruto de presenciar el vínculo madre-bebé. Es tan increíblemente cariñoso y
tierno. El niño necesita estar totalmente informado del propósito de su visita con el terapeuta. El terapeuta craneosacral debe hablar en primera persona al bebé. "¿Sabes lo que hago?" El terapeuta explica al niño lo que ellos hacen y quiénes son. Los bebés son bastante capaces de responder a esta información excepto con ciertos tipos de shocks. A menudo agitan a sabiendas su cabeza de lado a lado para indicar "no".

Así el terapeuta observa cuidadosamente el estilo de comunicación del infante. Los nenes usarán su cuerpo entero para responder a una pregunta o comentario. Ellos también hablarán verbalmente con el terapeuta. Las habilidades de conversación son emocionalmente basadas y
desarrolladas en el ego del cuerpo, es decir la piel, músculos, los tonos vocales, los micro y macro movimientos, etc. Puede llevar una sesión o dos hasta que el terapeuta intuya el singular estilo de comunicación del bebé. Es igualmente importante realizar preguntas y comentarios al bebé de cierto modo para que sólo requiera respuestas de sí y no. El bebé apenas pasó por una muy intensa experiencia y quiere contar la historia. Alguien necesita escuchar y el bebé necesita saber que esta siendo escuchado para que la curación ocurra.

Mientras que el terapeuta habla de su o sus intenciones con el bebé, se empieza a prestar especial atención a los patrones de movimiento físico del niño. El fin de seguir la pista a estos movimientos es ver hasta dónde se extiende el espacio personal del bebé, a través de la extensión que es capaz de crear con sus brazos. Movimientos espasmódicos, abruptos y descoordinados son a menudo señales de shock. Cuando el terapeuta tiene un cuadro claro del espacio físico dentro del cual el bebé habita, entonces el contacto se negocia en ese punto en espacio. El terapeuta pide permiso para tocar al infante. A menudo un bebé dirá no al principio con un movimiento definitivo de cabeza, cuerpo o una vocalización. Siga la iniciativa del bebé y hable un poco más con ellos de por qué el tacto es importante. Aquí esta la clave: Es importante para el terapeuta dejar cualquier intención de ser clínico con sus manos en las primeras sesiones de terapia craneosacral. La intención real es establecer la seguridad y confiar en el bebé, para que así el contacto físico se contenga en bondad amorosa en lugar del levantamiento del hueso frontal, etc. El trabajo estructural viene después; la evaluación del shock, trauma y la serie de vinculación es lo primero. La terapia es mas bien juguetona que clínica"

Y un poco más adelante:

"El terapeuta mantiene silenciosamente el shock y trauma como un testigo interior. Ciertos elementos del nacimiento pueden ser aludidos mientras el terapeuta está trabajando con el infante pero sin ser demasiado literal o descriptivo. Cuando el terapeuta detecta parte del esquema del trauma en el sistema craneosacral del bebé, él o ella podría decir "Oh, eso era mucho para ti" en lugar de decir, "Oh, aquellos fórceps eran grandes y desagradables". Las partes difíciles de la historia del nacimiento son consideradas por el terapeuta dentro de su corazón, quien entonces vuelve a contar la historia en silencio en presencia del bebé. De esta manera el shock y trauma ocurridos en el nacimiento se reconocen y se consideran en un contenedor silencioso. Esta comunicación se recibe y se integra en el sistema fluido del bebé. El terapeuta le sugiere espacio “¿te gustaría algún espacio aquí?". Entonces el terapeuta le sugiere opciones al bebé " ¿te gustaría hacer algo diferente aquí?" (Dr. Michael J. Shea)

Cómo no, los osteópatas, incluídos los hemicraneales estos, ahora demandan titulación oficial y reconocimiento profesional (por que no, en España no están reconocidos legalmente), e incluso organizan a medias con determinadas universidades, como la de Murcia, nada menos que Másters en osteopatía. Debe ser casualidad que en Murcia precisamente se haya construído un espectacular edificio para albergar la Escuela Europea de osteopatía, que es la que impartirá los másters antedichos y entre cuyo profesorado figuran, qué casualidad, doctores y profesores de la misma Universidad de Murcia. Pero vaya, no malpensemos...

Por ahora, osteópata en ciernes, conténtese con asistir a retiros y seminarios, a razón de 300 euros de vellón, y si monta su chiringuito cuídese mucho de sus pacientes, no le vaya a moldear el cráneo a alguno que luego le exija la titulación oficial para ejercer o los permisos administrativos correspondientes.

Y finalizaremos con un enigmático párrafo de un semicraneal: "Tocaremos el cuerpo con una conciencia tan presente y tan profunda que su historia se contará y será escuchada hasta su intención original. Esto permite retornar a la intención original y modificar apropiadamente en el presente los hábitos formados en experiencias pasadas. El Buda dijo que la iluminación está en el cuerpo. Según el poeta místico Rumí, Dios dijo de Mahoma que era una oreja"