Resulta que a la secta religiosa a la que pertenece el jugador de fútbol
Kaká, actualmente en el
Real Madrid español, le acaban de imponer una multa de ciento y pico mil dólares por evasión de divisas. Los dos fundadores de la secta
Renacer en Cristo pretendían entrar en los USA con una maletita repleta de billetes verdes brasileños, y los han pillado. Mala suerte.
Para el jugador Kaká, estos sinvergonzones eran sus mediadores con el de arriba, el cual debe estar bastante molesto con sus correveydiles por varias razones: primero, por dejarse trincar con el pastuqui de las colectas, y segundo por no pasarle los recados
como él manda.
Efectivamente, no hay que ser muy sagaz para imaginarse que el futbolista brasileño rezaría casi a voz en grito para que su equipo ganara al Barcelona hace unas fechas, cosa que no ocurrió, así que mal pasado el recado.
Pero, para el que lo ignore, en el
Barcelona juega un tal
Touré Yayá, musulman él, que también se encomendó al de más arriba para ganar el partido, sólo que a "otro" de más arriba, al del turbante, y éste sí le hizo caso, y ganó.
¡Maldición! ¿Pues no habíamos quedado en que dios sólo existía uno, y lo que había de varios era su nombre? Pues va a ser que no, tal y como se deduce del hecho de que uno rogó y perdió, y el otro hizo lo mismo y ganó. ¿Es más poderoso Alá que el dios de los cristianos, se encontraba el día del partido de mejor humor, le rezó Touré a su dios más y mejor que Kaká al suyo, o es que el tipo es blaugrana de corazón y quiere que el Madrid pierda hasta en las canicas?
Por otra parte, si
il capo canonieri celestial es omniscente significa que ya conocía el resultado del partido, así que a qué pararse a escuchar las plegarias de un jugador de fútbol del equipo perdedor. Podría haber abierto los cielos con un horrísono trueno y haber vociferado: "
¡Tú, desgraciado, déjate de chorradas y no me ores más, que me tienes hasta el triángulo!. Ah, y vas a perder, que lo sepas".
De todo esto se desprende la evidencia de que hay más de un ser supremo en las alturas, por lo menos dos, y de que no son iguales en absoluto, y que uno presta más atención a su rebaño que el otro. Aunque oir esto a los teólogos les produzca urticaria, es lo más razonable. Porque la otra opción... vaya, la otra opción sería la reostia. Un sólo dios, caprichoso él, que inclina un resultado en un sentido o en otro, según lleve la quiniela, o vaya usted a saber por qué. O porque es negro, y Touré Yayá también lo es, y prefiere los negros a los blancos (aquí me imagino al ex-nazi de
Ratzinger temblando como un seminarista ojeando el Playboy). ¿No será más plausible pensar que, en realidad, los que decantan un partido de fútbol en un sentido o en otro son los propios jugadores con su esfuerzo, su talento y algo de suerte? ¿O qué le decimos ahora a Kaká, que el creador estaba ocupado matando niños de hambre en Mali, o que estaba en la tele viendo
Perdidos, o que la próxima vez rece más fuerte que apenas se le oye... o que se haga negro?
En fin, él sabrá a qué sujeto se encomienda antes de cada partido, pero que se lo haga mirar, porque para mí que le tiene manía...