
Acababa justo de ver un anuncio en televisión sobre las "nuevas" pulseritas magnéticas curalotodo que se están volviendo a poner en boga -esta vez marca
Vitaljoya- cuando buscando documentación por Internet
me he topado con esta magnífica entrada, en la cual ya se disecciona la memez con suficiente profundidad y sin tacto ninguno, cosa que celebro, aunque me haya mandado la iniciativa a tomar viento.
Con mi gozo en un pozo, pues, he decidido entrarle al tema por otro lado, muy interesante también, a mi parecer: el de la publicidad engañosa en los medios y la utilización de famosillos para hacer de "gancho" en las ofertas televisivas. Al respecto dice la web de
FACUA:
"El Real Decreto del Ministerio de Sanidad y Consumo 1907/96 prohíbe la publicidad o promoción de productos milagro, un sinfín de objetos, aparatos, sustancias y energías de muy diversa naturaleza, aunque coincidentes en resultar un fraude al consumo en una doble vertiente, económica y sanitaria.
Entre las prohibiciones que establece el Real Decreto, es destacable que los famosos, médicos o supuestos clientes ya no pueden aparecer en la publicidad de productos con pretendidas propiedades sanitarias..."
"Famosos". La cosa está bastante clara, ¿no?
El señor que aparece tanto en la web de Vitaljoya como en el anuncio televisivo es
Manuel Giménez, un ex-habitual de los programas matutinos de televisión dedicados a promover la salud ciudadana, casos policíacos de dudoso interés, las recetas de la abuela a base de garbanzos o las reclamaciones cívicas ante la administración local (entre otros candentes y audaces temas). Y claramente está participando "
en la publicidad de productos con pretendidas propiedades sanitarias", en este caso una pulserita biomagnética indicada contra el stress, las migrañas, los dolores de espalda, etc. Algo no cuadra, pues.
Y tiene cojones (con perdón) la cosa, porque además de eso el tal Giménez escribe libros nada menos que contra el fraude y los timos,
libros como éste. En la presentación del libro dice don Manuel:
"Nadie da duros a cuatro pesetas. Semejante obviedad es conocida por todos los ciudadanos que, sin embargo, no dejan de caer en las sutiles trampas que les tienden los randas o timadores, unos expertos en el arte de embaucar a los demás, bien sea con los timos clásicos al viejo estilo o con el empleo de las más sofisticadas tecnologías. Porque los timadores son chorizos, pero listos como un rayo".
Caray, Manuel, ¿no te has pasado un pelín? Aunque cuando escribiste el libro seguramente no sabías que ibas a acabar anunciando pulseritas inservibles, bien podías haberte mordido la lengua pensando en lo incierto que es el futuro laboral de una persona, y más en tiempos de crisis, ¿no te parece? Ya sabes, nunca sabe uno dónde va a dar con sus huesos profesionalmente hablando.
Aunque ya desde hace algún tiempo se podía comprobar como la cosa esa de mantener unos principios éticos sólidos no parece ser el fuerte del señor Giménez.
En ésta entrevista, en la que acompaña a una antigua colaboradora de programa televisivo mañanero, Inés Ballester, le preguntan a ésta:
"Pregunta: ¿Qué os hace diferentes de la competencia?
Respuesta (Inés): Manolo [por Manuel Giménez] y yo tenemos una forma de hacer el programa más tranquila. Nunca sacaremos imágenes desagradables o una información a costa de lo que sea."
[La negrita es mía]
"¿Una información a costa de lo que sea?". ¿Y a costa de qué, de repente, el señor Giménez se olvida de su ética inamovible y pasa a recitar en televisión las dudosas virtudes de un artefacto absurdo e inservible como la pulserita de Vitaljoya? Bueno, me lo imagino: a costa de un lejano, glorioso y añorado pasado como estrella de la televisión y a una cartera probablemente escuálida, o a las dos cosas a la vez.
Ojo, que no es pecado ganarse el pan con el sudor propio, pero no es muy correcto que digamos que lo ganes prendiendo incendios y trabajando de bombero simultáneamente, o como quien dice, escribiendo libros denunciando timos y publicitando a la vez productos de dudosísima utilidad real y sin pruebas fehacientes de que funcionen como dicen. Aunque visto el panorama, lo normal sería que también se la hayan colado al señor Giménez los fabricantes de la pulserita del demonio, no me extrañaría un pelo.
Pues nada, ahí está Don Manuel prestando su estampa de famosete, glosando las virtudes del producto con su intachable reputación (la que se ha labrado en la tele año tras año, claro, porque el hombre es escritor, abogado y ex-portavoz de la policía, ya se sabe,
todo un experto en temas de salud...y de tacto y escrúpulos) y FACUA o similares sin mover un dedo, que por lo que se ve no actúan de oficio, sino sólo a instancia de parte, y de parte implicada directamente, es decir, a instancia de un perjudicado real por haber comprado el producto fantasma, y no si la denuncia es interpuesta por alguien, como yo por ejemplo, que aunque interesado no soy
parte contratante en este asunto.
Y por supuesto que lo del señor Giménez es solo un ejemplo: hay decenas de casos en los que famosos ayudan a vender o promocionar productos en radio, prensa y/o televisión, y no todos ellos necesariamente fraudulentos, pero la filosofía del Real Decreto citado anteriormente es la de que un producto tiene que avalarse únicamente por sus propiedades intrínsecas y adecuadas a su función, y no porque lo publicite un personaje más o menos conocido por los consumidores.
Y un addenda final sabroso: en la
Web del British Medical Journal hay un interesante trabajo sobre el tema del biomagnetismo y su efecto sobre las pulseritas del carajo. No perderse el estudio ni, sobre todo, los comentarios al artículo.