Pues sí, una desgracia.Resulta que el misterio más misterioso y acojonante del siglo XX en nuestro país, el fenómeno parapsicológico de las caras de Belmez, está en serio peligro de desaparecer. Y no por obra y gracia de la Policía, los escépticos o por esa cosa tan escasa en muchos pagos y caletres llamada cultura, sino por la Madre Naturaleza, que ha mandado varios diluvios casi bíblicos al pueblecico jienense y que van a ser a lo que parece causa última e imponderable del derrumbe de la casa susodicha.
Así nos lo narra Pedro J. Fernández Marín en la web de el/la/lo SEIP. Bueno, lo de narrar es un eufemismo, y además los ingenieros informáticos de la panda no estaban muy lúcidos ese día -porque no se ve un pijo en la web esa-, así que he optado por transcribir el relato original, respetándolo íntegramente.
La casa de las Caras se viene abajoPara los amantes del misterio la muerte por ahogamiento de las famosas caras deber ser una especie de justicia poética: de la Naturaleza vinieron y allá que se van, aparecieron de la Nada y a la Nada regresan, disueltas en un amasijo de madera y barro que siempre será insondable. Para el resto de mortales sólo es un paso más hacia el olvido de un asunto que, por cutre, mamón, salchichero y barato nunca tendría que haber saltado a los medios de comunicación.
Así es. La lluvia de las últimas semanas caídas en tierras jienenses han propiciado el mal estado que ya de por sí presentaba el número 5 de la calle María Gómez. Es suficiente con echar un vistazo a cómo se encuentra en la actualidad el techo de la casa que presenta un estado semi derruido por el que se ha filtrado el líquido elemento que paradójicamente ha “ayudado” a la conservación de las teleplástias en sus casi 40 años de vida.
La familia Pereira-Gómez ha mostrado su preocupación ante tal situación y han argumentado que la casa necesita una reparación urgente antes de que se produzca un hecho que a muchos desagradaría, la pérdida del fenómeno paranormal. Actualmente la Casa de las Caras se encuentra protegida por el Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda y en su defecto por la Junta de Andalucía. Sería proclive que familiares y los organismos que regulan las modificaciones pertinentes del inmueble, tomaran cartas en el asunto antes de que acudan males mayores para este conjunto que representa el escenario de lo paranormal más importante de nuestro país.
A pesar de lo que algunos puedan pensar, la célebre casa ha mantenido intacta su estructura desde que sus cimientos se levantaran muchos años antes de que se descubriera el fenómeno, concretamente allá por el año 1832. De hecho la única modificación realizada en el interior de sus paredes fue en 1972 cuando por orden del alcalde Manuel Rodríguez Rivas obraron en la mitad de lo que por entonces era la “cuadra de las bestias”, lo que sería la cocina que hoy todavía sigue en pie y que sirvió para precintar la antigua cocina donde surgieron los fantasmas de piedra. Por lo demás, todo sigue igual: el lugar del precinto, la cocina, lo que quedó de la cuadra, el coqueto cuarto de aseo… y en la planta de arriba una única habitación-dormitorio donde los Pereira-Gómez han tenido siempre su lecho de descanso, incluyendo a la ya fallecida María. No hubo entonces más modificaciones que la nombrada y no ha habido después arreglo alguno. Hay quien piensa que esta circunstancia se da por que la familia ha tenido algún tipo de interés en que la casa “no se tocara” pero la realidad es otra muy distinta. Si no se ha modificado la casa es por que lo que había en su interior ya pertenece al interés colectivo. Y no olvidemos que la magia de la casa sigue estando en cómo es la casa en sí, tal cual estaba cuando surgieron los rostros. Lejos quedan otro tipo de intereses que solo los morbosos y desafortunados “pensadores” quieren hacernos ver.
Ahora solo queda que quienes tienen que dar los pasos oportunos (no seremos nosotros quienes decidan tal circunstancia) los den sin más. Después de todo es posible arreglar el techo y aquellas zonas proclives a que puedan darse situaciones como la que actualmente se ha dado sin alterar bajo ningún concepto el fenómeno en si mismo. De lo contrario podríamos correr un riesgo innecesario y perder aquello que tantos buenos (y malos) ratos nos ha hecho pasar.
