29 abril 2010

Las caras de Belmez pueden desaparecer para siempre

Pues sí, una desgracia.

Resulta que el misterio más misterioso y acojonante del siglo XX en nuestro país, el fenómeno parapsicológico de las caras de Belmez, está en serio peligro de desaparecer. Y no por obra y gracia de la Policía, los escépticos o por esa cosa tan escasa en muchos pagos y caletres llamada cultura, sino por la Madre Naturaleza, que ha mandado varios diluvios casi bíblicos al pueblecico jienense y que van a ser a lo que parece causa última e imponderable del derrumbe de la casa susodicha.

Así nos lo narra Pedro J. Fernández Marín en la web de el/la/lo SEIP. Bueno, lo de narrar es un eufemismo, y además los ingenieros informáticos de la panda no estaban muy lúcidos ese día -porque no se ve un pijo en la web esa-, así que he optado por transcribir el relato original, respetándolo íntegramente.
La casa de las Caras se viene abajo

Así es. La lluvia de las últimas semanas caídas en tierras jienenses han propiciado el mal estado que ya de por sí presentaba el número 5 de la calle María Gómez. Es suficiente con echar un vistazo a cómo se encuentra en la actualidad el techo de la casa que presenta un estado semi derruido por el que se ha filtrado el líquido elemento que paradójicamente ha “ayudado” a la conservación de las teleplástias en sus casi 40 años de vida.
La familia Pereira-Gómez ha mostrado su preocupación ante tal situación y han argumentado que la casa necesita una reparación urgente antes de que se produzca un hecho que a muchos desagradaría, la pérdida del fenómeno paranormal. Actualmente la Casa de las Caras se encuentra protegida por el Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda y en su defecto por la Junta de Andalucía. Sería proclive que familiares y los organismos que regulan las modificaciones pertinentes del inmueble, tomaran cartas en el asunto antes de que acudan males mayores para este conjunto que representa el escenario de lo paranormal más importante de nuestro país.
A pesar de lo que algunos puedan pensar, la célebre casa ha mantenido intacta su estructura desde que sus cimientos se levantaran muchos años antes de que se descubriera el fenómeno, concretamente allá por el año 1832. De hecho la única modificación realizada en el interior de sus paredes fue en 1972 cuando por orden del alcalde Manuel Rodríguez Rivas obraron en la mitad de lo que por entonces era la “cuadra de las bestias”, lo que sería la cocina que hoy todavía sigue en pie y que sirvió para precintar la antigua cocina donde surgieron los fantasmas de piedra. Por lo demás, todo sigue igual: el lugar del precinto, la cocina, lo que quedó de la cuadra, el coqueto cuarto de aseo… y en la planta de arriba una única habitación-dormitorio donde los Pereira-Gómez han tenido siempre su lecho de descanso, incluyendo a la ya fallecida María. No hubo entonces más modificaciones que la nombrada y no ha habido después arreglo alguno. Hay quien piensa que esta circunstancia se da por que la familia ha tenido algún tipo de interés en que la casa “no se tocara” pero la realidad es otra muy distinta. Si no se ha modificado la casa es por que lo que había en su interior ya pertenece al interés colectivo. Y no olvidemos que la magia de la casa sigue estando en cómo es la casa en sí, tal cual estaba cuando surgieron los rostros. Lejos quedan otro tipo de intereses que solo los morbosos y desafortunados “pensadores” quieren hacernos ver.
Ahora solo queda que quienes tienen que dar los pasos oportunos (no seremos nosotros quienes decidan tal circunstancia) los den sin más. Después de todo es posible arreglar el techo y aquellas zonas proclives a que puedan darse situaciones como la que actualmente se ha dado sin alterar bajo ningún concepto el fenómeno en si mismo. De lo contrario podríamos correr un riesgo innecesario y perder aquello que tantos buenos (y malos) ratos nos ha hecho pasar.
Para los amantes del misterio la muerte por ahogamiento de las famosas caras deber ser una especie de justicia poética: de la Naturaleza vinieron y allá que se van, aparecieron de la Nada y a la Nada regresan, disueltas en un amasijo de madera y barro que siempre será insondable. Para el resto de mortales sólo es un paso más hacia el olvido de un asunto que, por cutre, mamón, salchichero y barato nunca tendría que haber saltado a los medios de comunicación.

10 abril 2010

La suspensión de la razón

Imagínense que acuden ustedes a una joyería a comprar un reloj. Eligen un modelo práctico, sin pretensiones, que tiene un precio de venta de 150 euros.

Me imagino que le echarán un vistazo: preguntarán por la marca, si es de confianza, compararán con otros modelos de precio similar, indagarán si tiene las cualidades que usted buscaba, y sobre todo, comprobarán que funciona perfectamente y la duración y extensión de la garantía, por si en un futuro cercano el reloj falla y tiene que devolverlo, o exigir que lo arreglen gratuitamente o que lo sustituyan por otro nuevo, o incluso que le devuelvan el dinero pagado por él. Después de comprobar todos estos extremos, usted paga los 150 euros correspondientes y se va a casa tan tranquilo y satisfecho, con el reloj en la muñeca.

Ahora resulta que visita su ciudad una señora o señorita, "experta" por más títulos (aunque en la publicidad no se especifique en qué) y le ofrece un magnífico y restringido seminario acerca de la comunicación telepática con animales, y en concreto con sus mascotas. Le asegura que la telepatía es una función que el Hombre perdió a lo largo de la Historia, pero que antes era muy utilizada, y que nos devuelve la armonía con la naturaleza, y que si patatín y que si patatán. ¿Usted se apuntaría sin más a ese seminario, pagaría religiosamente los 150 euros que cuesta sin cuestionarse nada más, o -como en el caso del reloj- exigiría algún tipo de garantía sobre los resultados del mismo, se cercioraría antes por otras fuentes acerca del presunto fenómeno de la telepatía, sobre su funcionamiento, su veracidad, sobre su presunta efectividad, no ya con las personas, sino con los animales?

Bueno, pues doce "afortunados" (doce son las plazas del seminario) van a acudir al mismo habiendo previamente suspendido todo atisbo de razón y de sentido común. No piensan exigir nada a la conferenciante, ni su titulación, sus poderes, cómo es que "un día comprobó que podía comunicarse con las ballenas", qué pruebas puede ofrecer que apoyen su afirmación de que puede hablarle a un gusano, y viceversa, y van a soltar tan ricamente los 150 euros de vellón que cuesta el picnic. Porque lo harán, oh sí, no lo duden, el público acudirá los dos días que dura el seminario, y luego lo volverán a hacer en otras ciudades diferentes.

Como dice Mauricio J. Schwarz en un artículo,
«Cuando nos ofrecen algo tan delirante como un Ferrari a mil euros somos lo bastante cautos como para pedir pruebas de que realmente tal afirmación tiene algún sustento. Lo que urge es promover, desde la escuela, desde los medios y desde la familia, esa misma actitud ante todas las afirmaciones para las que se nos exige una creencia ciega, sean paranormales, religiosas, comerciales o políticas»
Como lo anterior me parece lógico y razonable, yo le exigiría a doña María -así se llama, María Victoria Caramés-, antes de entrar en el seminario y aprender las técnicas telepáticas que dice poder enseñar, que me mostrara alguna prueba fehaciente de lo que dice y hace, de que la telepatía funciona no ya con personas, sino con animales, alguna prueba de que todo ese tinglado que va a montar va a servir realmente para algo que no sea estrujar de mi billetera 150 euros.

Es más, le haría firmar un papel, una garantía, en el sentido de que si no puedo a partir de entonces comunicarme telepáticamente con mi mascota, o con mi rododendro preferido -sí, con plantas también funciona, según ella misma afirma- me sea devuelto el dinero que pagué por el seminario. Y/o, al igual que denunciaría al fabricante del reloj si me vendiera un producto inservible, también denunciaría a la señora ponente del seminario por sacarme 150 euros a cambio de nada, y -en este caso- a la Asociación Reiki de Lugo, que ampara y promueve esta fenomenal paparrucha.

Ya ven, soy fácil de contentar y no pido mucho: sólo pruebas, alguna prueba de que es cierto y real lo que esta señora vende. Así de simple.

01 abril 2010

En estos días sin humor...

Hoy no estoy de humor. Y me va a durar toda la semana.
En mi ciudad, y en casi todos los pueblos de mi país, hoy empieza esa especie de locura colectiva que es la Semana Santa, donde la mayoría de la gente suspende su capacidad de raciocinio, su estabilidad mental, su sentido común, y se deja arrastrar por los rituales más absurdos, las costumbres más idiotas, los sentimientos más trágicos y trascendentes. Hoy se ensalza hasta el hartazgo la tortura, el autocastigo, el arrepentimiento hipócrita, la inmolación, la histeria colectiva... Hoy se hace público y notorio más que nunca que nuestro cerebro sigue sin avanzar, anclado en un mundo de superstición y miedo, como si salir de las cavernas hubiere sido cosa de hace un momento...
Muchos católicos se autoflagelan, ofrecen su cuerpo y su sangre a la divinidad para el perdón de sus pecados, no van a comer carne durante los próximos días (carne de mamífero terrestre, porque carne de pez sí que comen). Otros prohíben tajantemente el consumo de productos hechos con levadura, o de peces con aletas pequeñas, o de animales que no tengan la pezuña partida, o prohíben la ingesta de carne de cuervo, llama o hipopótamo...
Costumbres instauradas a golpe de decreto por los popes poderosos hace milenios y que son invaluables para gobernar al rebaño, sinsentidos que la gente sigue a pie juntillas solo porque "es tradición"... En todo, y ante todo, la religión, esa especie de cáncer universal que nos mantiene más cerca de la animalidad que nuestro genes.
Ya lo dijeron hace tiempo sabios muy importantes:
Marvin Harris decía que lo mejor que hay para convertir una orden política en precepto, y hacerla obligatoria, es revestirla con las engañosas ropas de la religión.
Y sobre otro genio, Woody Allen, parafrasea Enrique Tomás:
Me hace acordar al diálogo hilarante entre Abraham y el Creador que imaginó Woody Allen (en su libro Dios, Shakespeare y yo ). Abraham le dice a Sara, su esposa, y a Isaac, su hijo, que en la oscuridad de la noche ha escuchado la voz de Dios, "una voz profunda, tonante, bien modulada" que le ha ordenado sacrificar a Isaac. Nada detiene a Abraham, pero, cuando está por consumar el homicidio, Dios inmoviliza su mano y le reprocha: "¿Cómo puedes hacer una cosa semejante?". Abraham se justifica: "Pero tú me has dicho?". Y el Señor: "No te ocupes de las cosas que yo digo. ¿Es que te crees todas las bromas que te cuentan? Yo te sugiero, a modo de chanza, que sacrifiques a tu propio hijo y tú lo aceptas sin discutir, sin plantear preguntas? Ningún sentido del humor. Es increíble?". Abraham: "Pero ¿esto no prueba que yo te amo? Yo estaba dispuesto a matar a mi hijo único para demostrarte mi amor". Y el Señor concluye: "¡Esto lo único que prueba es que los cretinos seguirán siempre las órdenes, por imbéciles que sean, con tal que sean formuladas por una voz autoritaria, tonante y bien modulada!".
Esto es lo que tenemos entre manos estos días, mis amigos. Aislarse del triste mundo y regodearse en la Naturaleza es mi receta contra esta peste. Espero que cada uno de vosotros tenga la suya, y que funcione.