21 junio 2010

Primer Miccionario de Neortologismos y Barbarismos de Prácticas Religiosas, Científicas y Extrañas - Delirio colectivo (2010)

Acaba de ver la luz el primer Primer Miccionario de Neortologismos y Barbarismos de Prácticas Religiosas, Científicas y Extrañas - Delirio colectivo (2010), una especie de evacuación lingüístico-humorística parida en la lista de correo Foro de Dios!, y que ha sido compilado y formateado por Alejandro Agostinelli.

Ahora es, sin duda, una obra menor, sin pretensiones, pero ya crecerá, ya... y entonces volveremos a hablar.

Da gusto comprobar el gran nivel humorístico del escepticismo latino.

Podéis descargarlo desde aquí mismo

20 junio 2010

Enésimo estudio sobre los peligros del teléfono móvil: que no, que cáncer no. Y otra cosa: explotar, algunos explotan

Érase un hombre a un teléfono móvil pegado.

Parodiando el soneto de Quevedo dedicado "A una nariz", es difícil encontrar hoy día en cualquiera de las calles de nuestras ciudades a alguien sin un teléfono móvil en la mano, en la mariconera, mandando esemeeses, escuchando música, haciendo fotos o incluso hablando por él. El bicho se ha convertido en pocos años en una prolongación del cuerpo humano, en una extremidad más. Y claro, los profetas del catastrofismo y la ignorancia se han escandalizado y han levantado la voz avisando de los terribles peligros que acarrea -según ellos, claro- el uso del citado artefacto, y vaticinan para sus usuarios deformidades orgánicas, cánceres y descolgamientos de pellejo la mar de importantes.

Pero qué le vamos a hacer, los científicos es que son unos pelmas. Un recentísimo estudio (del mes pasado, vaya) del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud de la Universidad Complutense de Madrid dirigido por el profesor Francisco Vargas ha concluído que "no se ha observado un mayor riesgo en usuarios de teléfonos móviles (TM) de padecer gliomas o meningiomas en un período igual o superior a 10 años después de la primera vez que se utilizó el TM".

El análisis destaca que, globalmente, incluso "el uso del TM fue menor en los casos que padecían gliomas o meningiomas que en los controles, y que este riesgo menor puede deberse, según los autores, a sesgos de participación y otras limitaciones metodológicas".

Este estudio se publica en respuesta al también reciente estudio Interphone publicado por la Agencia Internacional del Cáncer de la OMS, en el que se afirmaba que no existe relación comprobable entre el uso de teléfonos móviles y cáncer.

El estudio de la OMS, con las reservas habituales en este tipo de trabajos, no hace sino confirmar que la alarma social creada alrededor del uso de celulares y de los peligros para la salud de los campos electromagnéticos no ionizantes es, cuanto menos, infundada (eso siendo mesurado).

Por otro lado, se ha podido comprobar experimentalmente cómo algunos teléfonos móviles, de marcas reconocidas pero falsificados, fabricados mayormente en Asia, expuestos durante un largo tiempo a la recarga de la batería, han acabado por explotar como una traca china (el símil es literal). Parece ser que las baterías falsas no incluyen un dispositivo tipo relé que interrumpen la carga de la batería cuando esta llega a completarse, así que se siguen calentando progresivamente, se hinchan y acaban por explotar.



Lo que está claro que éste indeseable aunque poco probable efecto (se estima que las baterías falsificadas comercializadas por el mundo no llegan al 1% del total) tan sólo se produce durante el proceso de carga de la batería, es decir, cuando el teléfono móvil está conectado directamente a la electricidad mediante un cable (y ocasionalmente cuando se produce un cortocicuito interno debido a un golpe o a una manipulación interna no habitual) y nunca durante un uso normal y responsable del aparato, que es lo que nos quisieron hacer creer algunos aguafiestas hace unos meses con una campaña en la que se vociferaban casos de voladuras de oreja, quemaduras de ojos y/o nariz y otros problemas añadidos (sorderas permanentes, pitidos eternos en el oído, etc, etc).

Eso sí, muchas compañías fabricantes ya han tomado cartas en el asunto y han emprendido acciones legales contra los fabricantes piratas de estas baterías de pega.

12 junio 2010

El pensamiento único y la Fórmula 1

Una de las virtudes del pensamiento crítico es la oportunidad que otorga al ciudadano de conocer otros puntos de vista, siempre alternativos (y serios y veraces y rigurosos) sobre los temas más diversos del maguferío.
En la Comunidad Valenciana, donde resido, sus políticos le tienen pavor al pensamiento libre, y a la información libre también. En su territorio se recogía hasta hace poco la señal de la televisión autonómica de Cataluña (TV3), lo que de repente debió parecerles a los próceres peperos una amenaza tangible y brutal contra su preponderancia, así que decidieron -sin contar para nada con el pueblo, los que le votaron (y los que no)- darle matarile a la conexión: los repetidores de TV3 en la Comunidad fueron cancelados y los ciudadanos perdimos, se ve que para siempre, la oportunidad de conocer otras opiniones, obtener otro tipo de información, ver otros programas...
Hoy hay Fórmula 1 en televisión. La retransmiten en exclusiva La Sexta y TV3... y este año también Canal 9, la televisión valenciana. El caso es que el corte de suministro de la señal de TV3 se produce, mayormente, durante la retransmisión de este evento deportivo, con lo que nos "obligan" a los ciudadanos a verlo por La Sexta o seguir la bazofia partidista y demagoga de Canal 9.
"¿Qué casualidad, no?", pensará más de uno, y estará en lo cierto. Así son de desahogados estos gürtelitos de tres al cuarto, fascistas y censores de lo que consideran una amenaza, la opinión alternativa, otra vía de información. Aunque se les note que, en el fondo, está la lucha por los patrocinadores y publicitarios que exhiben sus productos durante la retransmisión, no vaya a ser que demasiada competencia les merme las arcas del ente público (no lo olvidemos) Canal 9.
O sea, que al final todo es cuestión de proteger su pensamiento único en virtud del dinero.
¡Coño, igualico igualico que los magufos!